¿Por qué es tan difícil alcanzar un tratado global sobre plásticos?
En un mundo que lidia con una creciente crisis de contaminación por plástico, las conversaciones del INC-5.2 en Ginebra se consideraban una oportunidad para crear un tratado global destinado a frenar la producción y el consumo de este material. Sin embargo, una vez más, las naciones se marcharon con las manos vacías.
En 2022, la Asamblea de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEA) encomendó a la comunidad internacional negociar un tratado para acabar con la contaminación por plásticos. Fueron 184 países los que se reunieron en Ginebra para la sexta ronda de conversaciones, conocida como INC-5.2.
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La brecha entre el grupo de más de 100 países ambiciosos, y por otro lado, los países productores de petróleo y gas, resultó en desacuerdo y en conflicto de intereses.
Durante la conversación se presentó el primer borrador del tratado, el cual fue rechazado por los más de 100 países que buscaban medidas globales, calificándolo de “poco ambicioso” e “inadecuado”, y de “un regalo a los contaminadores”. El texto no abarcaba la vida útil completa de los plásticos y solo incluía medidas voluntarias que, según expertos, apenas servirían para detener la producción de plástico.
El mandato de la UNEA es ambicioso por naturaleza: exige “poner fin a la contaminación por plásticos” mediante acciones a lo largo de todo el ciclo de vida del plástico, promoviendo la producción y el consumo sostenible y fortaleciendo la cooperación internacional.
El fracaso de las negociaciones se debió principalmente a las tres razones siguientes:
Como lo expresó un delegado de un país productor de petróleo, la resolución de la UNEA fue negociada por los ministerios de medio ambiente, pero las negociaciones actuales están impulsadas por los ministerios de energía.
El tratado es considerado un tratado económico. Esto ha llevado a rechazar los objetivos y medidas para la producción y el consumo sostenible de plástico, o las restricciones a los productos plásticos problemáticos. Esta postura fue rechazada por los países que exigen medidas urgentes para frenar la producción y el consumo insostenible.
“Para nuestras islas, esto significa que, sin la cooperación mundial y la acción estatal, millones de toneladas de residuos plásticos seguirán vertiéndose en nuestros océanos, lo que afectará a nuestro ecosistema, seguridad alimentaria, medios de vida y cultura” afirmó el representante de Tuvalu.

86 países presentaron un plan para abordar los plásticos problemáticos mediante una combinación de medidas globales y nacionales. Sin embargo, algunos países de la industria petrolera, rechazaron estas propuestas.
Los negociadores buscaron flexibilidad, incluyendo propuestas para regular únicamente los productos más problemáticos o peligrosos, como los que se encuentran en los juguetes para niños, y permitir que los países puedan optar por no aplicar dichas restricciones en su territorio. Aun así, la resistencia se mantuvo firme.
Todas las delegaciones coincidieron en que el consenso debería ser la norma, pero 120 países también apoyaron una medida de escape: si el consenso resultaba imposible, las decisiones deberían tomarse por votación, sin que ningún Estado tuviera poder de veto.
Aunque se buscó dejar un umbral justo en las votaciones, algunos países rechazaron esta opción e insistieron en que solo el consenso sería la clave para la toma de decisiones. Sin la alternativa de la votación como último recurso, muchos temen que el tratado quede paralizado sin posibilidad de fortalecerse con el tiempo.
Al final, el fracaso se redujo a un problema fundamental: la unión de países que exige medidas efectivas contra una poderosa minoría.
“Si bien las negociaciones continuarán, fracasarán si el proceso no cambia. Cuando un proceso falla, como este, es esencial que los países identifiquen las soluciones necesarias para corregirlo y lo implementen. Necesitamos un reinicio, no una repetición.” reflexionó David Azoulay, Director del Programa de Salud Ambiental del Centro de Derecho Ambiental Internacional
La contaminación por plásticos sigue siendo un problema global, y las soluciones requerirán cooperación. Pero la pregunta ahora es cómo evitar que se repitan los fracasos. Se avecinan algunas posibles vías:

1. Más de lo mismo: Las negociaciones podrían continuar, pero sin un cambio de posturas, el éxito parece improbable. Reducir el alcance o reducir la ambición podría asegurar un acuerdo, pero a costa de un tratado débil. Resultado que no estaría a la altura de la visión de la UNEA.
2. Una separación de los interesados: Si no se logra un consenso, un grupo más pequeño de Estados con ideas afines podría avanzar con su propio acuerdo. Otros podrían unirse posteriormente. Esto permitiría avanzar, teniendo en cuenta que no todos los países pueden participar en un tratado de este tipo en esta etapa inicial.
3. Aprovechar los acuerdos existentes: El Convenio de Basilea, a menudo considerado un tratado sobre movimientos transfronterizos de residuos, también abarca la reducción, la reutilización y el reciclaje de estos, así como sus vínculos con la salud y el medio ambiente.
Un nuevo protocolo en el marco de Basilea podría incorporar muchas o incluso todas las medidas que se están debatiendo en las negociaciones sobre plásticos.
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“El plástico está en todas partes. Está asfixiando nuestros océanos, derritiendo el hielo y depositándose en las profundidades del lecho marino. Los países y empresas ambiciosos no necesitan esperar a un tratado para reducir su uso de plástico y encontrar soluciones alternativas de envasado. La acción colectiva puede impulsar la cooperación global. Los océanos no pueden esperar más; es necesario actuar ya para abordar la crisis de la contaminación por plástico.” afirmó Lara Iwanicki, directora de Estrategia e Incidencia Política en Brasil de Oceana.
El INC-5.2 nos mostró lo difícil que será lograr un tratado verdaderamente global sobre plásticos. Pero no hacer nada no es una opción. La contaminación por plásticos sigue creciendo y el mundo necesita soluciones eficaces y cooperativas.
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