Las redes de pesca amenazan el océano, pero ya hay soluciones en marcha
La contaminación plástica marina es una de las grandes crisis ambientales de nuestra era: cada año millones de toneladas de residuos plásticos entran en los océanos, dañando comunidades costeras y ecosistemas enteros.
Entre los tipos de residuos más dañinos están las llamadas redes fantasma, equipos de pesca abandonados o perdidos en el mar, que pueden persistir durante siglos y seguir atrapando fauna marina mucho después de su abandono.
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En ese contexto emergen modelos innovadores que demuestran que reciclar la basura oceánica no tiene por qué ser únicamente un ejercicio caritativo, sino que puede convertirse en una oportunidad económica y ambientalmente regenerativa.

En Canadá, un programa pionero está explorando formas de reciclar redes de pesca y otros residuos plásticos recuperados del océano en productos duraderos para uso cotidiano, como muebles de patio, bancas y otros bienes de consumo resistentes.
Este esfuerzo, impulsado por ONGs locales y respaldado por programas gubernamentales de economía circular, no solo busca sacar del mar los residuos peligrosos, sino también incentivar la creación de empleo verde y dar una segunda vida al material recuperado.
Funcionarios de pesca y medio ambiente han señalado que iniciativas de este tipo muestran cómo un enfoque práctico —que combina limpieza, reciclaje y manufactura de bienes útiles— puede impulsar nuevas cadenas de valor en comunidades costeras afectadas por la contaminación.


Una empresa española también ha captado atención internacional por un enfoque similar, aunque con una escala y estructura de negocio propia. Desde Calpe, en la provincia de Alicante, los hermanos Amaia y Julen Rodríguez fundaron en 2019 la start-up Gravity Wave, iniciativa que al día de hoy opera con miles de pescadores en puertos del Mediterráneo.
Gravity Wave paga a pescadores para que traigan redes y otros plásticos marinos al puerto, los procesa y convierte en materia prima —especialmente pellets (granza) y paneles plásticos reciclados— que luego se transforman en muebles, piezas de diseño y materiales industriales.
Esta empresa gestiona toda la cadena de valor: desde la recolección hasta la venta de productos finales, demostrando que es posible hacer rentable la limpieza del océano sin depender exclusivamente de subsidios.
Los residuos de pesca abandonados son especialmente problemáticos por varias razones:
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Por eso, iniciativas que enlazan recuperación con producción local de bienes útiles —ya sea en Canadá, Europa o en otras regiones— tienen un doble impacto: reducción del residuo oceánico y creación de soluciones económicas sustentables.
Lo que está emergiendo es una tendencia más amplia en la que limpieza ambiental y modelos de negocio sostenibles convergen. Así como existen organizaciones que recogen plástico de ríos antes de que llegue al mar, transformándolo en productos reciclados, estos proyectos apuntan a cerrar el ciclo de los materiales y ofrecer alternativas a una economía lineal que ha saturado nuestros océanos de desechos.