El legado climático del papa Francisco: fe, justicia social y acción
Cuando Jorge Mario Bergoglio fue elegido Papa en 2013, su primera gran decisión tuvo un poderoso mensaje ecológico: eligió el nombre de Francisco en honor a San Francisco de Asís, conocido por su amor por la naturaleza, a la que llamaba “el espejo de Dios”. Así comenzaba el camino de un pontífice que, durante más de una década, sería una de las voces morales más firmes en el movimiento climático global.
Mientras líderes políticos debatían los aspectos técnicos y económicos de las políticas ambientales, el Papa Francisco hablaba con claridad sobre las consecuencias humanas del daño al planeta. En una cumbre climática celebrada en el Vaticano en 2023, instó a actuar “con urgencia, compasión y determinación”, y denunció la destrucción ambiental como un “pecado estructural”.
Puede leer: El Vaticano da el ejemplo en su camino a ser carbono neutral
“Nos enfrentamos a desafíos sistémicos que, aunque distintos, están interconectados”, afirmó. “El cambio climático, la pérdida de biodiversidad, el deterioro ambiental, las desigualdades globales, la inseguridad alimentaria y las amenazas a la dignidad de los pueblos están profundamente ligados”.
Su intervención más influyente fue la publicación de la encíclica Laudato Si’ (Alabado seas) en 2015, una carta dirigida a los obispos del mundo que vincula el cambio climático con la justicia social. En ella, el Papa subraya que los más afectados por la crisis climática son los pobres y denuncia las estructuras económicas que perpetúan esta injusticia.

“No enfrentamos dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola crisis compleja que es a la vez social y ambiental”, escribió.
Esta encíclica llegó en un momento clave: pocos meses antes de la histórica Cumbre de París sobre el clima. Varios líderes señalaron que las palabras del Papa resonaron entre los negociadores. “Ha sido una de las voces más firmes, presionando para que las cosas sucedan”, dijo John Kerry, ex enviado climático de EE.UU., tras reunirse con él.
Francisco convirtió al Vaticano en un punto de encuentro obligado para líderes climáticos y hasta ejecutivos de la industria fósil. Recibió a figuras como Greta Thunberg y convocó en 2018 a directivos de compañías como ExxonMobil, BP y Shell para discutir el papel del sector energético en la crisis climática. Tras esa reunión a puertas cerradas, varias empresas emitieron un comunicado reconociendo la urgencia del calentamiento global.
También promovió el compromiso dentro de la Iglesia. Aunque enfrentó resistencia de sectores conservadores, especialmente en regiones con fuerte industria petrolera, logró que el tema ambiental se convirtiera en parte del discurso habitual de muchos católicos.
Te puede interesar: Negacionismo climático: por qué sucede y cómo actuar
En paralelo al lanzamiento de su encíclica, se fundó el Movimiento Laudato Si’, una red internacional que impulsa la acción climática en comunidades católicas a través de educación, movilización y campañas de desinversión en combustibles fósiles.
No todo fue fácil. Las iniciativas ambientales del Papa a veces quedaron eclipsadas por controversias que han afectado a la Iglesia en las últimas décadas. Además, no está claro si su legado climático será sostenido por sus sucesores, algunos de los cuales muestran poco interés por estos temas. También han cambiado los liderazgos políticos: muchos de quienes valoraron su mensaje han sido reemplazados por figuras populistas que desestiman la agenda ambiental.
Aun así, el impacto de Francisco es innegable. El ex vicepresidente de EE.UU. y activista climático Al Gore lo resumió así: “Estamos bendecidos con el Papa Francisco”.
Este texto apareció origianlmente en Time.
Suscríbete a nuestro boletín
Lo más importante en tu buzón cada semana