Un secreto bajo el océano: descubren fuentes de agua dulce
Hace casi 50 años, un barco que buscaba minerales e hidrocarburos en el noreste del país perforó el lecho marino y halló un recurso inesperado: agua dulce bajo las profundidades saladas.
Este verano, una expedición de investigación global, la primera de su tipo dio seguimiento a esa sorpresa. Perforando en busca de agua dulce bajo el agua salada, la Expedición 501 extrajo miles de muestras de lo que ahora se cree que es un enorme acuífero oculto.
“Es solo uno de los muchos depósitos de “agua dulce secreta” que se sabe que existen en aguas saladas poco profundas de todo el mundo y que algún día podrían aprovecharse para saciar la creciente sed del planeta” afirmó Brandon Dugan, codirector científico de la expedición.
Se encontraron casi 50 mil litros de agua, y se están analizando en laboratorios de todo el mundo. El objetivo es resolver el misterio de su origen, ya sea que el agua provenga de glaciares, de sistemas de aguas subterráneas conectados en tierra o de alguna combinación de ambos.
El potencial de este descubrimiento es enorme, pero también lo son los obstáculos que representa. La incertidumbre sobre quién posee el agua, quién la usa y cómo extraerla sin dañar indebidamente la naturaleza. Luego, hacerla llegar a tierra para uso público a gran escala, si es que es factible, seguramente tomará años.
En tan solo cinco años, según la ONU, la demanda mundial de agua dulce superará la oferta en un 40%. El aumento del nivel del mar, debido al calentamiento global, está agotando las fuentes costeras de agua dulce, mientras que los centros de datos que impulsan la IA y la computación en la nube consumen agua a un ritmo insaciable.

Por ejemplo, Ciudad del Cabo, Sudáfrica, estuvo peligrosamente cerca de quedarse sin agua dulce para sus casi 5 millones de habitantes en 2018, durante una sequía de tres años.
“Necesitamos explorar todas las posibilidades para encontrar más agua para la sociedad”, declaró Dugan, geofísico e hidrólogo de la Escuela de Minas de Colorado.
El legendario lamento del Viejo Marinero: “Agua, agua por todas partes, ni una gota para beber”, se cierne como una advertencia ya no solo para las personas en alta mar, sino para todos nosotros.
La Expedición 501 es una colaboración científica de 25 millones de dólares entre más de una docena de países, respaldada por la Fundación Nacional de Ciencias del gobierno estadounidense y el Consorcio Europeo para la Perforación de Investigaciones Oceánicas.
Los científicos se embarcaron en el proyecto creyendo que el acuífero submarino podría ser suficiente para satisfacer las necesidades de una ciudad del tamaño de Nueva York durante 800 años. Encontraron agua dulce o casi dulce a profundidades superiores e inferiores a las previstas, lo que sugiere una reserva aún mayor.
Su trabajo en el mar se desarrolló durante tres meses con una embarcación oceánica que, una vez en el lugar determinado, baja tres enormes pilares al fondo marino y se asienta sobre las olas.
“Se sabe que este fenómeno existe tanto aquí como en otras partes del mundo, pero es un tema que nunca se ha investigado directamente en ningún proyecto de investigación en el pasado”, dijo Jez Everest, director del proyecto de la Expedición 501 y científico del Servicio Geológico Británico en Edimburgo, Escocia, sobre el agua submarina.
Con esto, quiere decir que nadie en el mundo había perforado sistemáticamente el lecho marino en busca de agua dulce. La Expedición 501 es pionera: penetró la Tierra bajo el mar hasta 1289 pies o casi 400 metros. Pero esto siguió a un proyecto de investigación de 2015 que cartografió los contornos de un acuífero de forma remota, utilizando tecnología electromagnética, y estimó aproximadamente la salinidad del agua subterránea.
En los próximos meses de análisis, los científicos investigarán diversas propiedades del agua, para determinar si el agua es segura para el consumo o para cualquier otro uso. También se utilizarán técnicas para determinar si provino del deshielo glacial hace miles de años o si aún proviene de formaciones geológicas laberínticas desde la tierra.

“Este es un entorno nuevo que nunca se había estudiado antes”, dijo Jocelyne DiRuggiero, bióloga de la Universidad Johns Hopkins en Baltimore.
Los investigadores analizarán el agua en laboratorios, lo cual será clave para determinar si se trata de un recurso renovable que podría utilizarse de forma responsable. El agua primordial está atrapada y es finita; el agua más reciente sugiere que el acuífero aún está conectado a una fuente terrestre y se está renovando, aunque sea lentamente.
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En cambio, para la sociedad, surgen todo tipo de preguntas complejas si se confirman las condiciones necesarias para explotar el agua. ¿Quién la gestionará? ¿Se puede extraer sin un riesgo inaceptable de contaminar el suministro del océano? ¿Será más económico o más ecológico que las plantas de desalinización actuales, que consumen mucha energía?
“Es una lección de cuánto tiempo puede tomar a veces lograr estas cosas y la perseverancia que se necesita para lograrlo”, dijo el geofísico de Woods Hole, Rob Evans, cuya expedición de 2015 ayudó a señalar el camino para el 501.
Aun así, ve algunas señales de alerta. Una es que la explotación de los acuíferos submarinos podría extraer agua de las reservas terrestres. Otra es que las aguas subterráneas que se filtran al lecho marino podrían suministrar nutrientes vitales para el ecosistema, lo que podría verse afectado.
“Si empezáramos a bombear estas aguas, es casi seguro que habría consecuencias imprevistas… Hay que tener mucho equilibrio antes de empezar a perforar y explotar este tipo de recursos”, afirmó Rob Evans.
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