Brasil, Uruguay y Ecuador lideran en la región con planes climáticos al día
Brasil, Uruguay y Ecuador son los únicos países latinoamericanos que cumplieron con el plazo de febrero para presentar sus nuevas Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC) ante el Acuerdo de París, estableciendo metas hasta 2035. Este proceso busca aumentar la ambición climática global y limitar el calentamiento a 1.5°C.
A pesar de representar menos del 10 % de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, América Latina es altamente vulnerable al cambio climático. Sin embargo, las emisiones en países como México, Brasil, Argentina, Colombia, Chile y Paraguay siguen en aumento, según informes recientes.
Cada cinco años, todos los países deben entregar planes de acción para enfrentar el cambio climático, con estrategias que cumplan con los estándares que exige el Acuerdo de París, es decir, para evitar que la temperatura suba más de 2°C y limitarse a 1.5°C. Actualmente, las metas de hasta 2030 estiman una subida de entre 2.6°C y 3.1°C.
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El pasado febrero, las naciones tuvieron la oportunidad de presentar sus nuevos planes nacionales (NDC en inglés), que están planteadas hasta 2035. Sin embargo, solo 10 países entregaron a tiempo sus planes, entre ellos Brasil, Uruguay y Ecuador.
Brasil se comprometió a reducir entre un 59% y 67% sus emisiones de gases de efecto invernadero para 2035, en comparación con los niveles de 2005. Este nuevo objetivo amplía de forma significativa las metas anteriores presentadas en 2016, que contemplaban reducciones del 37% para 2025 y 43% para 2030. Durante la presentación de la nueva NDC en la COP29, la ministra de Medio Ambiente Marina Silva y el vicepresidente Gerardo Alckmin destacaron que el objetivo es “ambicioso pero realista”.

Sin embargo, el coordinador de política internacional del Observatório do Clima, criticó que la meta se haya presentado como un rango amplio, lo cual sugiere una falta de determinación clara. “La meta es mala, pero no es terrible. No está alineada con el objetivo de 1.5°C”, señaló.
La NDC también contempla la adopción de modelos de producción agrícola y ganadera sostenibles, así como un llamado a los países desarrollados a liderar la transición fuera de los combustibles fósiles. En cuanto a la adaptación, Brasil se compromete a revisar su plan nacional y desarrollar estrategias locales y sectoriales para 2025. Para financiar sus metas, propone una transformación ecológica a través de reformas tributarias, bonos verdes y mecanismos de mercado de carbono.
El gobierno uruguayo decidió mantener la misma meta de su NDC anterior, extendiéndola hasta 2035. Esto implica reducir 9267 megatoneladas de dióxido de carbono, 818 de metano y 32 de óxido nitroso. La justificación del gobierno saliente, que concluyó funciones el 1 de marzo, fue que la meta anterior ya era “muy ambiciosa” y que no era necesario incrementarla.
No obstante, la decisión generó críticas en el ámbito ambiental. Para Martina Casas, bíologa y activista, “esto habla mal de las personas que dirigen la política. No podés decir que porque ya era ambicioso lo mantenés igual. Es la excusa de siempre, somos un país chico y contaminamos poco“. También criticó que el país no está cumpliendo con las metas anteriores, y cuestionó los planes de exploración de petróleo offshore, que considera incompatibles con la NDC.
En energía, la NDC uruguaya reafirma su apuesta por la electrificación del transporte, la eficiencia energética y una eventual incorporación del gas natural. Uruguay se destaca por contar con una matriz eléctrica compuesta en un 98% por fuentes renovables. Además, planea aumentar un 20% las plantaciones forestales, mantener los bosques nativos, mejorar el secuestro de carbono en suelos agrícolas y modernizar los vertederos para reducir emisiones de metano.
En materia de adaptación, Uruguay se compromete a implementar herramientas para prevenir sequías, aprobar planes de manejo de cuencas y acuíferos, garantizar que todas las áreas protegidas tengan planes de gestión y generar reportes anuales sobre pérdidas y daños.
Ecuador presentó una meta de reducción de emisiones de 7% para 2035 de manera incondicional, y hasta un 8% condicionado a financiamiento internacional. Aunque estos porcentajes pueden parecer modestos, se trata de un esfuerzo transversal en todos los sectores, considerando las limitaciones presupuestarias del país.
En comparación, la NDC anterior (con vigencia hasta 2025) planteaba una reducción del 9% en sectores como energía, industria, residuos y agricultura, y un 4% adicional por cambios en el uso del suelo. Según cifras oficiales, Ecuador habría logrado reducir un 5% de sus emisiones totales gracias a su primer compromiso.

Karina Barrera, exsubsecretaria de Cambio Climático, valoró la nueva NDC como más ambiciosa dentro de las capacidades nacionales: “Todavía luchamos contra otras brechas de desarrollo, son otras las prioridades en la región”.
Entre las acciones previstas, Ecuador buscará impulsar energías renovables, movilidad sostenible y reducción de emisiones en industrias como la del cemento. En el sector agropecuario, se implementarán sistemas sostenibles y bajos en emisiones, y se ampliarán las áreas protegidas bajo mecanismos de conservación. Además, se promoverá la captura de metano en rellenos sanitarios.
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En el plano de la adaptación, la NDC define como sectores prioritarios el patrimonio natural e hídrico, la salud, los asentamientos humanos, los sectores productivos y la soberanía alimentaria. Se incluyen medidas específicas para cada área y se incorpora un marco para abordar pérdidas y daños, así como enfoques de género, intergeneracionalidad e interculturalidad.
Chile ha presentado un borrador de su nueva NDC, actualmente en consulta ciudadana, mientras que Colombia, México, Panamá y Argentina están en proceso de elaboración de sus planes climáticos. Se espera que estos países presenten sus NDC antes de la COP30, que se celebrará en noviembre en la Amazonía brasileña.
La presentación oportuna de las NDC es crucial para evaluar el progreso hacia los objetivos climáticos globales y fomentar una mayor ambición en la lucha contra el cambio climático.
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