Huracán Erick impacta México y expone la nueva realidad climática
El 19 de junio de 2025, el huracán Erick impactó en las costas del sur de México entre Oaxaca y Guerrero, alcanzando categoría 3 tras una rápida intensificación desde la tormenta tropical.
Con ráfagas de hasta 205 km/h y lluvias torrenciales de más de 400 mm en zonas altas, Erick se convirtió en el huracán más temprano de categoría mayor en azotar la región, rompiendo récords y encendiendo alarmas sobre los efectos del cambio climático.
En menos de 12 horas, Erick pasó de categoría 1 a 4, evidenciando una tendencia que desafía los modelos meteorológicos tradicionales y está cada vez más ligada al calentamiento de los océanos. Este patrón de “intensificación rápida” fuera de temporada preocupa a expertos, quienes señalan que estas evoluciones extremas dificultan la preparación oportuna y agravan la vulnerabilidad de las poblaciones expuestas.
Las autoridades mexicanas activaron alertas desde el 17 de junio, desplegaron más de 30,000 elementos de seguridad y prepararon 2,000 refugios en Oaxaca y Guerrero. Gracias al Plan DN‑III y una evacuación anticipada, el saldo humano fue menor a lo esperado. Sin embargo, lamentablemente se confirmaron dos decesos: un niño ahogado en Guerrero y un hombre electrocutado en Oaxaca.
Temporada de huracanes 2025: ¿Qué nos espera?
Las fuertes lluvias y corrientes intensas provocaron deslizamientos, inundaciones, cortes de luz a más de 30,000 personas y destrozos en infraestructura, especialmente en Puerto Escondido y Acapulco. Sectores pesqueros reportaron embarcaciones y muelles severamente dañados, solicitando atención inmediata para la recuperación de sus medios de vida.
A diferencia de temporadas anteriores, Erick se formó en junio, antes del pico histórico, siendo la quinta tormenta nombrada más temprana del Pacífico oriental y el primer huracán mayor registrado en junio en México.
La intensificación rápida se atribuye al aumento de la temperatura del mar, combustible esencial para huracanes potentes. Huracanes previos como Otis (2023) y Milton (2024) han mostrado tendencias similares, alertando que estos patrones extremas ya no son excepcionales, sino parte de una realidad climática nueva.

1. Sistemas de alerta temprana y preparación comunitaria
La evacuación oportuna salvó vidas, pero Erick mostró que los sistemas meteorológicos deben evolucionar para prever intensificaciones extremas con más anticipación .
2. Infraestructura resistente al clima
La destrucción de muelles, carreteras y viviendas subraya la necesidad de estructuras adaptadas a eventos cada vez más intensos, diseñadas con criterios climáticos en mente.
3. Protección de medios de vida vulnerables
Comerciantes, pescadores y comunidades montañosas requieren planes de recuperación rápida y seguros ante los repetidos embates climáticos, así como inversiones públicas focalizadas.
4. Justicia climática y cooperación regional
Aunque México actuó bien, los impactos fueron transfronterizos; Centroamérica también reporta muertos, casas dañadas y cultivos perdidos. Esto plantea la urgencia de solidaridad, fondos climáticos compartidos y asistencia internacional.
Más impactos: Clima extremo le costó $2 billones al mundo en la última década
Erick demuestra que el cambio climático ya reconfigura las temporadas ciclónicas, intensificando eventos extremas y acortando las ventanas de prevención. América Latina enfrenta un nuevo desafío: fortalecer sistemas de alerta, infraestructuras resistentes y equidad en la respuesta climática.
A corto plazo, requiere inversión federal y local, cooperación internacional y capacitación comunitaria. A mediano y largo plazo, implica acelerar la transición energética y cumplir el Acuerdo de París, reduciendo emisiones que elevan las temperaturas oceánicas.
Solo así América Latina podrá dejar de ser un área vulnerable y transformarse en un referente de resiliencia climática capaz de proteger a sus comunidades más expuestas.
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