¿Greenhushing? El silencio de las empresas también afecta al planeta
En los últimos años, la presión pública y regulatoria empujó a miles de compañías a hacer públicas sus metas de sostenibilidad: reducir emisiones, cambiar su matriz energética o comprometerse con la neutralidad de carbono. Pero mientras el mundo exigía transparencia, una tendencia paralela comenzó a tomar fuerza.
Cada vez más empresas están decidiendo callar. El fenómeno, conocido como greenhushing, describe la creciente renuencia del sector privado a comunicar los avances, o incluso la existencia, de sus objetivos ambientales. Para expertos, esta decisión está transformando la manera en que se evalúa el compromiso climático corporativo y podría socavar los esfuerzos globales de reducción de emisiones.
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Aunque las empresas siguen adoptando estrategias de sostenibilidad, muchas optan por mantenerlas fuera del ojo público. La razón principal es el temor: temor a ser acusadas de exagerar, de no cumplir sus promesas o de estar usando la sostenibilidad como una herramienta de marketing.
Más que un abandono de la acción climática, el greenhushing funciona como una retirada estratégica del centro de atención. Varias compañías reconocen que prefieren evitar campañas o anuncios que destaquen sus avances. En su lugar, optan por reportes discretos o documentación técnica dirigida solo a grupos especializados, lo que reduce significativamente la visibilidad de sus esfuerzos.
Este comportamiento se intensifica a medida que el escrutinio público sobre temas ambientales se vuelve más intenso. Las redes sociales amplifican cualquier inconsistencia o error; los consumidores esperan resultados inmediatos; y las regulaciones son cada vez más estrictas en torno a qué se puede afirmar sin caer en greenwashing. En este contexto, el silencio parece, para muchas empresas, un refugio seguro.
Múltiples factores se combinan para empujar a compañías de distintos sectores hacia el greenhushing. Uno de los más importantes es la complejidad creciente de las regulaciones ambientales. A medida que gobiernos y organismos internacionales endurecen las normas que rigen la publicidad y los reportes de sostenibilidad, las empresas temen infringir accidentalmente alguna directiva o sobreprometer algo que no puedan alcanzar. El riesgo de sanciones, demandas o daños reputacionales es suficiente para que muchos equipos de comunicación opten por reducir, o incluso eliminar, la difusión de sus compromisos.

Además, las metas climáticas suelen implicar trayectorias largas y sujetas a múltiples variables. Cuando una empresa se compromete a reducir emisiones para 2030 o 2050, cualquier desvío o retraso puede volverse un punto de ataque. A esto se suma la presión de inversionistas, clientes y medios, que muchas veces esperan progreso rápido en áreas donde la transformación estructural toma años. En ese clima de expectativas desalineadas, la discreción parece una salida más segura que la comunicación constante.
Un artículo de BBC muestra que algunas empresas temen las comparaciones directas con competidores. Publicar objetivos ambiciosos puede dejar a la compañía vulnerable a críticas si otros actores del sector parecen avanzar más rápido o con mejores resultados. Y en contextos geopolíticos polarizados, donde la sostenibilidad puede convertirse en un tema ideológico, la decisión de no comunicar también responde a un intento de evitar polémicas innecesarias.
Aunque muchas empresas adoptan esta postura para protegerse, el greenhushing podría generar efectos negativos a largo plazo para la acción climática global. La falta de transparencia dificulta evaluar si los compromisos corporativos realmente se están cumpliendo. Sin datos comparables ni divulgación abierta, la rendición de cuentas se debilita y las métricas climáticas pierden precisión. Esto también complica el trabajo de inversionistas responsables, investigadores y reguladores que dependen de información clara para monitorear el progreso climático.
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Otra consecuencia preocupante es la pérdida de aprendizaje colectivo. La comunicación pública de avances, errores y estrategias permite que las empresas aprendan entre sí y aceleren su transición hacia modelos más sostenibles. Si cada compañía guarda sus descubrimientos en silencio, la innovación pierde velocidad. Si solo las empresas más seguras o las que ya tienen resultados sólidos comparten sus avances, se crea la impresión de que el resto del sector no está actuando, cuando en realidad muchas están avanzando con pasos importantes, solo que fuera del radar.
El greenhushing no implica que las empresas estén abandonando la acción climática. Muchas siguen invirtiendo en eficiencia energética, energías renovables, reducción de emisiones o mejoras en sus cadenas de suministro. Sin embargo, al optar por la discreción, renuncian a un espacio clave para influir en sus industrias y empujar estándares más altos.
BBC Worklife plantea que el desafío actual no es solo actuar, sino hacerlo con una comunicación más madura, más honesta y menos centrada en el marketing. La tendencia apunta a reportes más sólidos, auditorías externas y comunicación estratégica que prioriza la precisión sobre la visibilidad. En otras palabras: decir menos, pero decirlo mejor.
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