El agujero de la capa de ozono alcanzó su tamaño más pequeño
La temporada 2025 del agujero de la capa de ozono sobre la Antártida ha llegado a su fin de forma anticipada y con características inusuales que despiertan optimismo en la comunidad científica: fue el más pequeño y de vida más corta de los últimos cinco años.
Este comportamiento, confirmado por el Copernicus Atmosphere Monitoring Service (CAMS), sugiere que la capa de ozono continúa mostrando signos de recuperación, aunque aún no alcanza niveles pre-industriales.
Cada primavera austral, entre agosto y diciembre, las condiciones físicas y químicas en la estratosfera del hemisferio sur favorecen la formación de un área de reducción del ozono que se conoce como “agujero de ozono”. En 2025, este fenómeno alcanzó su máximo en septiembre, con aproximadamente 21 millones de km², una extensión significativamente menor que en los años previos dominados por agujeros amplios y persistentes.
Según los datos de CAMS, el agujero de 2025 se cerró el 1 de diciembre, marcando el cierre más temprano desde 2019 y confirmando su naturaleza inusualmente breve y reducida en comparación con la última década. Esta tendencia de “agujeros pequeños” se observa por segundo año consecutivo.
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La combinación de una extensión menor, un cierre anticipado y concentraciones de ozono más altas han generado interpretaciones favorables entre especialistas. Laurence Rouil, directora de CAMS, lo describió como un “signo tranquilizador” y un reflejo del progreso que se observa en la recuperación de la capa de ozono gracias a las décadas de acción internacional para reducir las sustancias que dañan esta capa protectora.
Las tendencias recientes no implican que el agujero de ozono vaya a desaparecer de inmediato cada año, ni que todos los efectos del daño histórico hayan sido revertidos. El fenómeno continúa variando de un año al otro por factores meteorológicos (como temperaturas y vórtices polares) además de la persistencia de remanentes de sustancias agotadoras de ozono en la atmósfera.
Organizaciones como la NASA y la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) han señalado que el agujero fue clasificado como el quinto más pequeño desde 1992, año en que entró en vigor el Protocolo de Montreal, el acuerdo internacional que impulsó la prohibición de la mayoría de compuestos químicos responsables del agotamiento del ozono.

El éxito del Protocolo de Montreal, firmado en 1987, es citado habitualmente por la comunidad científica como uno de los ejemplos más exitosos de cooperación global para enfrentar un problema ambiental. Según evaluaciones recientes, si se mantiene el cumplimiento del acuerdo y se reducen las emisiones de los compuestos más dañinos, la capa de ozono podría acercarse a niveles cercanos a los de principios de los años ochenta entre 2060 y 2070, aunque estas proyecciones aún conllevan incertidumbres.
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La capa de ozono juega un papel fundamental como escudo contra la radiación ultravioleta (UV) del sol. Un agotamiento prolongado de esta capa aumenta el riesgo de efectos negativos en la salud humana —como cáncer de piel, cataratas o supresión del sistema inmunitario— y en los ecosistemas, impactando la productividad agrícola y la vida marina.
Por ello, cada temporada del agujero de ozono no es solo un dato técnico: es un barómetro de cómo las acciones colectivas en política internacional, regulación de sustancias químicas y vigilancia científica están influyendo en la salud de nuestra atmósfera.