Frío extremo invade el mundo, ¿ya no hay cambio climático?
Mientras el planeta sigue calentándose, este inicio de 2026 está dejando imágenes que parecen “contradecir” el cambio climático: carreteras convertidas en pistas de hielo, aeropuertos paralizados y ríos parcialmente congelados en ciudades donde ese fenómeno no es común cada año.
En Alemania, por ejemplo, el frío persistente combinado con lluvia que se congela al tocar el suelo obligó a suspender operaciones en el aeropuerto de Berlín por hielo negro y provocó interrupciones en transporte por carretera y tren.
En partes de Europa oriental se proyectaron descensos por debajo de -30 °C, en un episodio explicado por patrones de presión que canalizaron aire gélido desde el noreste, con la nieve amplificando el enfriamiento.
En Estados Unidos, el frío también escaló: el área de Washington D.C. enfrentó un fin de semana con vientos fuertes, nieve y advertencias por frío extremo, con sensación térmica bajo cero. Y a finales de enero, amplias zonas del país se prepararon para un sistema invernal que combinó nevadas con aire ártico.
En Asia, el frío dejó señales visibles: en Seúl, el río Han apareció congelado durante una poderosa ola de frío.
Puedes leer: ¿Qué tan probable es un colapso en las corrientes del Océano Atlántico?
Centroamérica en general enfrenta bajas temperaturas atípicas para febrero, con Honduras y El Salvador también reportando valores mínimos inusuales: en El Salvador, por ejemplo, las temperaturas cayeron hasta unos 3.5 °C en zonas cafeteras del occidente, una cifra que supera registros de décadas pasadas en esa región. Mientras que en Guatemala, zonas montañosas registraron temperaturas de hasta -2°C.
Este descenso, aunque no alcanzó los niveles históricos más extremos de décadas pasadas, fue considerado significativo para la época del año y ha generado preocupaciones en sectores rurales por el impacto en cultivos y ganado del altiplano.
La pregunta inevitable —y que está siendo aprovechada por medios de desinformación— es: si hace tanto frío, ¿cómo puede estar pasando el cambio climático?
La clave es entender que cambio climático no significa “solo calor”. Significa, sobre todo, que estamos alterando el sistema energético de la Tierra y, con ello, la probabilidad y la intensidad de muchos fenómenos. En promedio, el planeta se calienta, pero eso no elimina el invierno ni impide que ocurran olas de frío.
De hecho, la meteorología funciona como “ondas”: el aire frío se concentra cerca del Ártico en invierno, pero a veces se desborda hacia latitudes medias. Ahí entra un concepto importante: el vórtice polar, un gran “anillo” de vientos que suele mantener el aire helado más confinado al norte. Cuando ese patrón se debilita o se distorsiona, puede permitir que bolsillos de aire ártico bajen hacia Estados Unidos, Europa o Asia. NOAA lo explica así: cuando el vórtice se altera, el chorro (jet stream) puede volverse más ondulado y facilitar incursiones de frío.

Hay investigación que explora si el calentamiento acelerado del Ártico puede influir en el comportamiento del jet stream y el vórtice polar, afectando la probabilidad de ciertos brotes de aire frío. NOAA, por ejemplo, señala que una debilitación del vórtice estratosférico puede favorecer irrupciones frías más al sur, y trabaja para mejorar la predicción de estos eventos.
Un evento frío específico no “prueba” ni “desmiente” el cambio climático. La ciencia climática se apoya en tendencias de largo plazo y, cuando se puede, en estudios de atribución para estimar cuánto cambió la probabilidad de un evento por influencia humana. Lo que sí se puede afirmar con seguridad es esto:
La ola de frío que hoy congela carreteras, detiene aeropuertos y endurece el invierno en distintos rincones del mundo no es un argumento contra la crisis climática: es un recordatorio de que el cambio climático es, justamente, un cambio del sistema. Y cuando el sistema cambia, lo que se vuelve más común es lo extremo.