Guatemala elige la naturaleza sobre el petróleo para la Biosfera Maya
En un giro significativo en su política ambiental, el gobierno de Guatemala decidió no renovar los contratos de extracción petrolera en la Reserva de la Biosfera Maya, una de las zonas naturales protegidas más extensas y biodiversas de Centroamérica.
Esta decisión pone por delante la protección del bosque tropical y especies emblemáticas como guacamayas, jaguares y otras especies endémicas antes que continuar con actividades extractivas en el corazón de la selva.
La medida, anunciada por autoridades del Ministerio de Ambiente y Recursos Naturales, implica el cierre del principal campo petrolero operado por la empresa francesa Perenco en el área del parque nacional Laguna del Tigre, dentro de Petén. Este contrato, en vigor desde hace décadas, expiró recientemente y no será renovado, marcando el fin de casi 40 años de extracción de crudo en un territorio que forma parte de la Biosfera Maya.
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El Laguna del Tigre, además de ser parque nacional, conecta distintos ecosistemas dentro de la Reserva —que abarca más de 21,600 km2 de bosque tropical húmedo y selva protegida— y es considerado un corredor ecológico vital para numerosas especies y comunidades indígenas.
Funcionarios del gobierno han argumentado que, más allá de los ingresos petroleros, la actividad extractiva enfrentaba desafíos ambientales y sociales importantes. La contaminación asociada a la explotación, sumada a los bajos precios internacionales del petróleo y a la presión por proteger un patrimonio natural estratégico, llevaron a priorizar la conservación.

La administración explica que la zona, durante años, ha sido también escenario de actividades ilegales como tala, ganadería no regulada y asentamientos informales, que dificultan aún más la gestión ambiental de la reserva. Para enfrentar estos problemas, se ha anunciado un mayor despliegue de fuerzas estatales y cuerpos de seguridad en el territorio, con el objetivo de vigilar y proteger el área tras el retiro de las plataformas petroleras.
Según un informe del Observatorio de Industrias Extractivas de Guatemala (OIE), la Laguna del Tigre ha perdido hasta un 48% de sus bosques a causa de actividades petroleras, las cuales comenzaron en 1985 con la compañía Basic Resources y luego, tomó el mando Perenco.
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El anuncio ha recibido reacciones mixtas entre expertos en conservación. Por un lado, organizaciones ambientales y académicos ven la medida como un paso importante hacia la protección efectiva de uno de los pulmones verdes más grandes de Centroamérica. Sin embargo, algunos analistas advierten que una mayor presencia militar o policial por sí sola no resolverá décadas de presión humana y económica sobre la reserva, y que se requiere un enfoque integral que combine vigilancia, desarrollo sostenible y participación comunitaria.
El reto para el país ahora será materializar una estrategia de conservación que trascienda las declaraciones y se traduzca en resultados concretos en el terreno, especialmente en un contexto donde la selva maya es clave tanto para la biodiversidad regional como para la captura y almacenamiento de carbono, factores cruciales frente al cambio climático.