Los pingüinos están comiendo plástico de un color en específico
Una nueva investigación revela un dato inquietante: los pingüinos están ingiriendo grandes cantidades de plástico, y no de cualquier tipo. El problema parece tener un patrón específico: el color blanco.
Este hallazgo abre una nueva línea de preocupación —y también de posible solución— en la crisis global de contaminación por plásticos en los océanos.
Durante años, científicos han documentado cómo las aves marinas consumen plástico de forma accidental. Sin embargo, este nuevo estudio, liderado por investigadores de la Universidad de Auckland, buscó entender algo más específico: ¿los animales están eligiendo ciertos tipos de plástico?
La respuesta parece ser sí.
Los investigadores analizaron el comportamiento de pingüinos gentoo y rey en un entorno controlado, exponiéndolos a tapas de botellas de distintos colores. El resultado fue claro: los pingüinos eligieron objetos blancos casi el doble de veces que los negros, y significativamente más que los rojos o azules.
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Esto sugiere que no solo se trata de la cantidad de plástico en el océano, sino también de cómo los animales lo perciben.
El problema es grave. Algunos plásticos blandos pueden bloquear el sistema digestivo, causando muerte por inanición, mientras que los fragmentos más duros pueden perforar órganos internos. Además, los microplásticos pueden filtrarse en el torrente sanguíneo, alterando procesos hormonales y generando enfermedades como la “plasticosis”, una condición inflamatoria del sistema digestivo.
Aunque la ciencia aún no tiene una respuesta definitiva, hay varias hipótesis.
Una de las más fuertes es que el color blanco podría parecerse a las presas naturales de los pingüinos, como peces o calamares. También podría imitar visualmente otros elementos del entorno, como plumas o reflejos en el agua, activando respuestas instintivas de alimentación o incluso de comportamiento reproductivo.
Este fenómeno no es exclusivo de los pingüinos. Estudios previos ya habían encontrado que al menos 13 especies de aves marinas en Nueva Zelanda consumen principalmente plástico blanco, lo que sugiere que existe un sesgo sensorial compartido entre distintas especies.
En otras palabras, el plástico no solo está en el océano: está diseñado —sin querer— para parecer comida.

Uno de los aspectos más interesantes del estudio es que abre la puerta a soluciones poco convencionales.
Si los animales son más propensos a ingerir plásticos de ciertos colores, modificar el diseño de estos materiales podría reducir su impacto. Reducir el uso de plástico blanco, por ejemplo, podría ser una medida complementaria a la reducción general de residuos.
Pero los propios investigadores son claros: el problema de fondo sigue siendo la cantidad de plástico que llega al océano.
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Actualmente, se estima que millones de toneladas de plástico ingresan cada año a los ecosistemas marinos, afectando a cientos de especies. Según BirdLife International, una de cada tres especies de aves marinas está amenazada de extinción, y la contaminación es uno de los factores clave.
Lo que este estudio revela va más allá de un dato curioso sobre el comportamiento animal. Es una señal de cómo la contaminación humana está alterando las reglas básicas de la naturaleza.
Los pingüinos no deberían tener que distinguir entre comida y basura. Sin embargo, en un océano cada vez más saturado de plástico, esa línea se vuelve borrosa.
Y quizás ahí está el mensaje más importante: no basta con gestionar los residuos. También necesitamos repensar cómo los producimos, cómo los diseñamos y, sobre todo, cuánto estamos dispuestos a cambiar para evitar que la vida marina siga pagando el precio.