Un planeta más caliente está creando un mundo más inflamable
Un nuevo estudio climático revela que los días con condiciones de clima ideal para incendios forestales —calor intenso, sequedad y vientos fuertes— se han casi triplicado en los últimos 45 años alrededor del mundo. Este auge en la “climatología de incendios” está ligado en gran parte a las emisiones humanas de gases de efecto invernadero, lo que apunta a un vínculo directo entre el cambio climático y la intensificación de estos fenómenos extremos.
La investigación, publicada recientemente tras analizar datos de las últimas décadas, muestra que lo que era relativamente inusual en 1979–1984, un promedio de poco más de 20 días al año con clima altamente propenso para incendios, se ha convertido en una característica persistente de los últimos cinco años, con más de 60 días anuales con las condiciones que alimentan fuegos descontrolados.

Aunque este fenómeno ocurre en múltiples latitudes, algunas regiones han experimentado incrementos aún más pronunciados. Por ejemplo, en el sur de Sudamérica, que incluye partes de Argentina y Chile, el promedio de días propicios para incendios pasó de cerca de 5.5 días al año en los años ochenta a más de 70 en la última década.
Nubes de fuego: el poder de los incendios forestales sobre el clima
Las proyecciones climáticas sugieren que estos patrones no solo continuarán, sino que se intensificarán si no se frena el calentamiento global. El estudio estima que más de la mitad del aumento global de días propensos a incendios es atribuible directamente al cambio climático inducido por los humanos, debido principalmente a la quema de combustibles fósiles como carbón, petróleo y gas.
El cambio climático actúa como un “amplificador” de condiciones meteorológicas peligrosas. Las temperaturas más altas secan el suelo y la vegetación, reduciendo la humedad que normalmente ayuda a frenar el avance de las llamas. Cuando a ese escenario se suman vientos fuertes, se crea un ambiente donde los incendios pueden iniciarse con más facilidad y propagarse de forma explosiva.
Este patrón ya ha dejado huellas devastadoras en varias partes del mundo en años recientes:

Para los investigadores detrás del estudio, estos resultados no son solo una estadística preocupante, sino una llamada de atención para gobiernos y sociedades: limitar el calentamiento global y con ello reducir la frecuencia de días con clima propenso a incendios podría moderar el riesgo futuro. Expertos advierten que, sin reducciones profundas de emisiones, será cada vez más difícil evitar temporadas de incendios más intensas y destructivas.
En regiones vulnerables, especialmente aquellas con comunidades rurales o bosques antiguos, los incendios no solo representan pérdidas de biodiversidad, sino también amenazas para la salud pública, la economía local y la seguridad alimentaria.
Esto subraya la necesidad de enfoques de adaptación y mitigación climática integrales que preparen a las sociedades para los riesgos multiplicados por un planeta más caliente y seco.