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La forma de gestionar los bosques europeos en los últimos dos siglos y medio no solo ha sido estéril en la lucha contra el cambio climático, sino que ha contribuido a empeorarlo. Así de contundente es el estudio Europe’s forest management did not mitigate climate warming, publicado en la revista Science. Los autores del estudio atribuyen como causas a este fracaso: una repoblación forestal ineficaz y la masiva modificación de la composición de los bosques autóctonos, que han pasado de ser caducifolios a ser de coníferas.
La repoblación forestal ha provocado un desequilibrio en la radiación que se emite a la atmósfera y la ha incrementado en 0.12 vatios por metro cuadrado debido a la juventud de los árboles replantados. Los árboles jóvenes, con un diámetro medio menor a 0.07 metros, absorben menos carbono por lo que reflejan más radiación a la atmósfera.
“Se plantan bosques de árboles jóvenes y se quitan bosques maduros y autóctonos que son los que ayudan a combatir el cambio climático”, explica Fernando Prieto, ecólogo español y miembro del Observatorio de la Sostenibilidad. En más de dos siglos se ha aumentado un 10% el área de bosques en Europa, pero el 85% se trata de bosques que están bajo gestión humana, es decir, repoblados, según el estudio. “Hay más bosques pero de menor calidad”, subraya Prieto.
Esto se debe a que las especies elegidas para repoblar son distintas de las que había en el bosque autóctono: se pasa de árboles de hoja caduca a coníferas. Desde 1750, los bosques de coníferas han pasado de ser el 30% al 57%, mientras el bosque caducifolio ha visto reducida su área en Europa del 70% al 43%. “Para repoblar se valora que se trate de especies como el pino que crecen más rápido”, razona Prieto. También han crecido los bosques de pícea noruega por ser, junto al pino, una especie de rápido crecimiento y fácil comercialización.
Este cambio de especies refleja la necesidad de Europa de satisfacer la demanda de madera, que ha crecido de 140 millones, en 1750, a 580 millones, en 2010. Como resultado, 417,000 kilómetros cuadrados de bosques “vírgenes” han sido destinados a la producción de la madera. Se necesitan bosques con especies que crezcan rápido y que permitan beneficios comerciales.
Los análisis de este estudio revelan que esta modificación de la composición forestal ha provocado el incremento de 0.12 grados kelvin en la temperatura. “Aumentar 0.12 grados desde 1750, en un contexto en el que la temperatura total ha aumentado 1.7 grados debido a las emisiones de gas invernadero y a la quema de combustibles fósiles, es una pequeña porción, pero demuestra que se está contribuyendo a calentar el planeta, en vez de a enfriarlo”, razona el ecólogo James Ryder del laboratorio francés de Ciencias del Clima y del Medio Ambiente.
El incremento de temperatura se debe a los cambios en la evapotranspiración, que es la cantidad de agua que se devuelve a la atmósfera como consecuencia de la evaporación y de la transpiración de las plantas; en el albedo, que es la cantidad de energía solar reflejada que se devuelve a la atmósfera y a la liberación de carbono que viene asociada a los bosques gestionados, que al ser talados para la producción de madera liberan de nuevo el carbono.
“Se ha fallado en el intento de extraer el CO2 de la atmósfera porque la extracción de madera libera el carbono que de otro modo estaría recogido en la biomasa o en la madera muerta”, afirma el estudio.
La clave actual reside, según los expertos, en si es posible diseñar una estrategia forestal que ayude a enfriar el clima y que al mismo tiempo permita la producción maderera actual. “Necesitamos elaborar una nueva estrategia de gestión forestal, ya no nos vale la de repoblar con especies nuevas y no mantener las antiguas”, considera Prieto. Una de las soluciones que plantea James Ryder es ir progresivamente recuperando los bosques caducifolios.
Aunque el estudio se centra en Europa, los investigadores han detectado efectos similares en el clima en otras regiones, como en China, Estados Unidos, Rusia, Brasil, Chile, Nueva Zelanda o Sudáfrica, donde hay repoblaciones a larga escala y sustanciales cambios en la composición de especies de los bosques.
Este texto apareció originalmente en ElPaís, puedes encontrar el original aquí.
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