¿Calor sin fin? La mitad del mundo ya sufre un mes adicional por año
Un nuevo informe global de la organización World Weather Attribution (WWA), en colaboración con Climate Central y el Centro Climático de la Cruz Roja y la Media Luna Roja, revela una alarmante realidad: el cambio climático inducido por el ser humano provocó que casi la mitad de la población mundial experimentara al menos un mes adicional de calor extremo entre mayo de 2023 y mayo de 2024.
La investigación —divulgada en el marco del “Día de Acción por el Calor Extremo”— analiza 76 eventos de calor severo en 90 países, afectando directa o indirectamente a más de 4 mil millones de personas. Los expertos advierten que esta tendencia seguirá intensificándose a menos que se tomen medidas inmediatas para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y se implementen planes de adaptación climática ambiciosos y equitativos.
Según el informe, el cambio climático provocado por la actividad humana es responsable del aumento promedio de 26 días adicionales de calor extremo en todo el planeta durante el último año. Estas temperaturas, que superan el 90% de los registros históricos locales, ya no son una anomalía estacional, sino una nueva normalidad para miles de millones de personas.
En Puerto Rico, por ejemplo, la cantidad de días con calor extremo pasó de 48, en un escenario sin cambio climático, a 161 días con las condiciones actuales. Es decir, casi cinco meses del año con temperaturas peligrosas para la salud humana y los ecosistemas.
El análisis muestra que las regiones más densamente pobladas del sur y este de Asia, el Sahel africano, América Central y partes de América del Sur fueron las más afectadas. En Sudán del Sur, las olas de calor impactaron especialmente a mujeres y niñas, quienes enfrentan múltiples formas de vulnerabilidad: trabajan al aire libre, viven en viviendas improvisadas y tienen menos acceso a recursos médicos.
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En Asia Central, durante marzo de 2024, se registraron temperaturas récord de hasta 30.8°C en Jalalabad, Kirguistán, y mínimas nocturnas que no bajaban de los 18°C en Kazajistán. Estas condiciones alteraron cultivos, enfermaron a miles de personas y generaron crisis energéticas por el aumento de demanda en sistemas de refrigeración.
El calor extremo se está convirtiendo en uno de los desastres naturales más letales. Aunque muchas de las muertes relacionadas no se contabilizan formalmente, el informe destaca su impacto en el agravamiento de enfermedades crónicas como afecciones cardíacas y renales. Además, los sistemas de salud de muchos países no están preparados para la magnitud de la crisis climática.

También se han documentado pérdidas económicas graves. En zonas agrícolas, las altas temperaturas provocan estrés térmico en cultivos y ganado, lo que deriva en pérdidas de producción y alza de precios. En áreas urbanas, el calor afecta la infraestructura eléctrica y de transporte, elevando los riesgos de apagones y accidentes.
La investigación concluye que los eventos de calor extremo no solo son más frecuentes, sino también más intensos y prolongados. Esto se debe a la acumulación de gases de efecto invernadero en la atmósfera, que atrapan el calor solar e interrumpen los patrones climáticos naturales.
“El cambio climático está intensificando el calor extremo en todo el mundo, y la mayoría de las personas ya lo están experimentando directamente. No se trata de una amenaza futura, sino de una emergencia actual”, afirmó Friederike Otto, científica del clima y cofundadora de World Weather Attribution.
El informe destaca la necesidad urgente de implementar sistemas de alerta temprana, diseñar planes de acción contra el calor extremo y mejorar la infraestructura urbana para que sea más resiliente. Esto incluye más espacios verdes, edificaciones con mejor aislamiento térmico, acceso equitativo a servicios de salud y suministro energético confiable.
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También se hace un llamado claro a los gobiernos y empresas para acelerar la transición hacia fuentes de energía limpias. De no actuar, los expertos advierten que incluso las mejores medidas de adaptación perderán eficacia ante el ritmo acelerado del calentamiento global.
Aunque el informe es global, sus hallazgos tienen implicaciones directas para América Latina. La región enfrenta múltiples desafíos relacionados con el calor extremo: deficiente infraestructura urbana, desigualdad social, vulnerabilidad hídrica y dependencia de sistemas agrícolas sensibles al clima. A esto se suma la falta de políticas públicas robustas y presupuestos adecuados para la resiliencia climática.
Para la comunidad latinoamericana, este informe representa una alerta clara y urgente. Pero también ofrece una oportunidad para fortalecer el conocimiento, la cooperación regional y la acción climática colectiva. Como lo señala el propio documento, “cada décima de grado que evitemos, puede significar millones de vidas menos expuestas al peligro”.
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