El calor extremo pone en riesgo el deporte y la Copa Mundial 2026
Durante el reciente Mundial de Clubes en Estados Unidos, el protagonista no fue un equipo o jugador, sino el calor. Las altas temperaturas pusieron a prueba a futbolistas, entrenadores y organizadores, anticipando un desafío mayor: el Mundial 2026 podría disputarse en condiciones peligrosas para la salud.
Durante junio de 2025, varias ciudades estadounidenses, como Charlotte, Filadelfia, Kansas City y Nashville, alcanzaron temperaturas de hasta 40 °C, con índices de humedad tan altos que la sensación térmica superaba los 45°C. En este contexto se desarrolló el Mundial de Clubes, donde las altas temperaturas no solo afectaron el rendimiento de los equipos, sino que obligaron a tomar medidas extraordinarias para evitar golpes de calor.
Según reportes de The Sun y AP, se instalaron sistemas de enfriamiento cerca de los banquillos, se redujeron los entrenamientos al aire libre y en algunos casos los suplentes observaron los partidos desde zonas con aire acondicionado para evitar el colapso térmico.
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Equipos como el Manchester City, Chelsea y Borussia Dortmund optaron por entrenar en espacios cerrados o limitar sus sesiones al amanecer. Algunos entrenadores calificaron las condiciones como “inviables para el alto rendimiento”.
El próximo Mundial de la FIFA se celebrará entre junio y julio de 2026 en Estados Unidos, México y Canadá, un periodo que históricamente coincide con olas de calor intensas en América del Norte. Y si el Mundial de Catar 2022 tuvo que trasladarse a noviembre para evitar temperaturas extremas, muchos expertos se preguntan por qué la FIFA mantiene el calendario tradicional para un torneo que también enfrentará condiciones climáticas severas.
Un informe reciente de FIFPRO, el sindicato mundial de futbolistas, reveló que 6 de las 16 sedes seleccionadas para el Mundial 2026 están clasificadas como de riesgo extremo por calor, mientras que otras 9 presentan un riesgo “muy alto”. Ciudades como Miami, Monterrey, Kansas City y Atlanta podrían registrar índices WBGT (Temperatura de Globo Húmedo y Bulbo Húmedo) superiores a los límites saludables para el esfuerzo físico intenso.
Michael Tipton, experto en fisiología ambiental, advirtió que el calor previsto para muchas de estas ciudades en junio y julio puede representar un “riesgo severo para la salud”, incluso en horarios que tradicionalmente se consideran seguros. Tipton sugiere que algunos partidos, incluso una hipotética final, deberían jugarse a las 9 de la mañana para evitar el calor extremo del mediodía.

FIFPRO ha propuesto una serie de medidas que, de implementarse, podrían mitigar el impacto del calor:
No obstante, hasta ahora, la FIFA no ha confirmado ningún cambio sustancial al calendario ni a los horarios programados, lo que genera preocupación entre sindicatos de jugadores, cuerpos médicos y organizaciones científicas.
Jamie O’Hara, exfutbolista inglés y comentarista deportivo, declaró a TalkSport que “en esas condiciones simplemente no se puede jugar. El aire se vuelve denso, la respiración es más difícil y cualquier esfuerzo se multiplica”.
Otros jugadores han señalado que la acumulación de partidos en torneos de verano, combinada con olas de calor, podría aumentar los casos de deshidratación, calambres y hasta síncopes.
En Qatar 2022, donde las temperaturas podían superar los 45 °C, se evitó el problema trasladando el torneo a noviembre. Pero eso no está en los planes para 2026, a pesar de que los riesgos son similares. Y lo preocupante es que, con el avance del cambio climático, las olas de calor son cada vez más frecuentes, más intensas y más prolongadas.
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Un reciente informe del IPCC ya advertía que América del Norte experimentará más días de calor extremo en verano, con temperaturas por encima de los 38 °C volviéndose la norma en muchos estados del sur de EE.UU. y norte de México. Estos cambios no solo afectan al deporte, sino también al trabajo al aire libre, la salud pública y la calidad de vida.
El Mundial de Clubes fue una señal de alerta: si las condiciones de 2025 se repiten o agravan en 2026, podríamos enfrentarnos a un Mundial donde no solo esté en juego la gloria deportiva, sino la salud de miles de jugadores, entrenadores, árbitros y aficionados.

La crisis climática ha dejado de ser una amenaza lejana. Hoy, el calor extremo ya interfiere con torneos internacionales, altera calendarios deportivos y obliga a reimaginar cómo y cuándo se deben jugar los grandes eventos.
El fútbol, como fenómeno global, tiene el poder de liderar cambios significativos. Pero también debe tomar medidas urgentes para adaptarse a una realidad climática que ya está aquí. El Mundial 2026 será una prueba crucial no solo para los equipos, sino para la capacidad de la industria deportiva de responder responsablemente al mayor desafío de nuestro tiempo.
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