Argentina innova en turismo sostenible con un tren solar en los Andes
En el norte de Argentina, donde la radiación solar forma parte cotidiana del paisaje, esa energía ya impulsa una nueva manera de recorrer los Andes. El Tren Solar de la Quebrada atraviesa 42 kilómetros de la provincia de Jujuy utilizando baterías cargadas con electricidad producida a partir del sol.
El servicio, presentado como el primer ferrocarril impulsado por energía solar de América Latina, conecta seis localidades de la Quebrada de Humahuaca: Volcán, Tumbaya, Purmamarca, Posta de Hornillos, Maimará y Tilcara. Este valle, declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO, ha servido como vía natural de comunicación entre los Andes y otras regiones durante miles de años.
El proyecto comenzó a operar oficialmente el 18 de junio de 2024 y devolvió el transporte ferroviario de pasajeros a la zona después de tres décadas. Su objetivo no consiste únicamente en ofrecer un recorrido turístico, también busca acercar visitantes a las comunidades de la Quebrada sin sumar las emisiones directas que produciría una locomotora diésel.
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Dos años después de su puesta en marcha, más de 90,000 personas han utilizado el tren, de acuerdo con el Gobierno de Jujuy. Cerca de un tercio de ellas viajó mediante un programa de responsabilidad social creado para facilitar el acceso de la población local al servicio.
El nombre puede llevar a imaginar vagones cubiertos con paneles fotovoltaicos, pero la tecnología funciona de otra manera. El tren está formado por dos coches y se mueve gracias a seis baterías de litio, recargadas con electricidad solar generada en Jujuy. Así aprovecha el recurso solar de la provincia sin depender de paneles instalados directamente sobre la unidad.
Las baterías permiten recorrer entre 100 y 120 kilómetros con una carga, según la empresa operadora. Esa autonomía supera ampliamente los 42 kilómetros de la ruta actual. El sistema cuenta con puntos de carga rápida en Volcán y Purmamarca, mientras se proyecta incorporar un tercero en Tilcara, el extremo norte del recorrido.

El tren también emplea frenado regenerativo. Cuando reduce la velocidad, parte de la energía del movimiento se transforma nuevamente en electricidad y se almacena en las baterías para utilizarla después. Es un mecanismo habitual en vehículos eléctricos que ayuda a recuperar energía que, de otro modo, se perdería en forma de calor.
La combinación de baterías y estaciones de recarga hace posible que la unidad circule sin combustible diésel y sin las líneas eléctricas aéreas, conocidas como catenarias, que suelen alimentar a otros trenes eléctricos. Esta característica puede resultar especialmente útil en paisajes sensibles o en rutas aisladas donde instalar infraestructura eléctrica continua sería complejo y costoso.
Además de reducir las emisiones directas durante su operación, el Tren Solar busca dinamizar la economía de las localidades conectadas. Sus estaciones funcionan como puntos de acceso a mercados, emprendimientos, recorridos culturales y servicios turísticos administrados por habitantes de la Quebrada.
El modelo aprovecha dos recursos vinculados con Jujuy: una elevada disponibilidad de energía solar y el litio utilizado para almacenar electricidad. Sin embargo, denominarlo “solar” no significa que todo su impacto ambiental sea nulo. La construcción de infraestructura, la fabricación de los trenes y la producción y posterior gestión de las baterías también tienen una huella que debe considerarse.
La reducción real de emisiones dependerá, entre otros factores, de que la electricidad empleada para cargarlas provenga efectivamente de fuentes renovables y de cómo se gestione el ciclo de vida de las baterías.
Aun con esas consideraciones, el proyecto demuestra una alternativa concreta para sustituir el diésel en trayectos ferroviarios que no cuentan con una red eléctrica aérea. En regiones con abundante radiación solar, los trenes a batería pueden ampliar las opciones de movilidad de bajas emisiones sin exigir la electrificación convencional de toda la vía.