Estos son los países de Latinoamérica que acumulan más desechos plásticos
República Dominicana, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá y Paraguay enfrentan una combinación peligrosa: reciben grandes cantidades de residuos plásticos difíciles de reciclar mientras sus sistemas de recolección, clasificación y disposición final ya tienen problemas para gestionar la basura generada dentro de sus fronteras.
Estos siete países fueron identificados como focos de contaminación plástica por un estudio publicado en la revista científica Environmental Research Letters. La investigación fue retomada en septiembre por un reportaje de Mongabay, que incorporó entrevistas con especialistas y examinó las consecuencias ambientales y sanitarias de este comercio.
El problema se intensificó después de que China prohibiera en 2018 la importación de gran parte de los residuos plásticos que recibía. Aunque países asiáticos como Malasia y Tailandia absorbieron parte de esos materiales, América Latina también comenzó a recibir más desechos provenientes de otras regiones.
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Pero el comercio no consiste únicamente en trasladar botellas limpias que pueden reciclarse con facilidad. Una parte llega mezclada en fardos sin clasificar e incluye materiales de bajo valor o difíciles de procesar, como policloruro de vinilo (PVC), poliestireno, envoltorios, cubiertos desechables y recipientes de espuma. Los compradores recuperan los componentes aprovechables, pero existe poca información sobre el destino de lo que no puede utilizarse.
La investigación, elaborada por especialistas de la Universidad de California en Los Ángeles y la Universidad del Pacífico en Perú, analizó datos del comercio internacional y los comparó con indicadores de gestión de residuos y riesgos ambientales.
Sus resultados muestran que algunos plásticos no solo llegan desde países más ricos, sino que vuelven a circular dentro de América Latina hacia naciones con menores ingresos y sistemas de residuos más débiles. Para Verónica Herrera, autora principal del estudio, esta transferencia de los costos ambientales puede entenderse como una forma de “colonialismo de residuos”.

Guatemala, Nicaragua y Paraguay se encuentran entre los casos más preocupantes. Entre 2015 y 2022, las importaciones de residuos de Nicaragua aumentaron 394%, mientras que las de Paraguay crecieron 234%, según los datos citados por Mongabay.
La llegada de estos materiales ocurre en una región donde la infraestructura ya resulta insuficiente. Cerca de 40 millones de personas carecen de un servicio básico de recolección y aproximadamente 17,000 toneladas de residuos plásticos terminan cada día en vertederos a cielo abierto.
El problema abarca a toda la basura municipal. De acuerdo con el Banco Interamericano de Desarrollo, alrededor del 40% de los residuos sólidos municipales de América Latina y el Caribe se vierte directamente en el ambiente y solo una pequeña proporción se recicla o aprovecha. Importar más materiales sin ampliar la capacidad de recolección, clasificación y tratamiento aumenta la posibilidad de que terminen abandonados, quemados o arrastrados hacia ríos y mares.
La situación regional forma parte de una crisis mundial. En 2019 se generaron 353 millones de toneladas de residuos plásticos y solo el 9% fue reciclado, según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos.
Cuando los desechos llegan a comunidades sin servicios adecuados, dejan de ser solamente un problema visual. La acumulación de plástico en ríos, calles y drenajes puede obstruir el paso del agua y agravar las inundaciones. Los recipientes y fragmentos que retienen agua también crean espacios donde pueden reproducirse mosquitos transmisores de enfermedades.
Otra práctica común es la quema al aire libre. Al quemarse, algunos plásticos liberan dioxinas y otras sustancias tóxicas que contaminan el aire y pueden afectar especialmente a quienes viven o trabajan cerca de los vertederos.
La exposición no se distribuye de manera equitativa. Las comunidades de menores ingresos suelen encontrarse más cerca de basureros, ríos contaminados y zonas propensas a inundaciones. También son quienes con mayor frecuencia carecen de agua potable, saneamiento y atención médica suficiente para enfrentar los daños.

Además, los plásticos pueden contener miles de sustancias utilizadas para darles color, flexibilidad o resistencia, entre ellas retardantes de llama, plastificantes y compuestos PFAS. Cuando los objetos se degradan, generan partículas cada vez más pequeñas capaces de llegar al agua y a los alimentos. La investigación sobre los efectos de los microplásticos en el cuerpo humano continúa avanzando, por lo que todavía no es posible atribuirles por sí solos enfermedades concretas en todos los casos; sin embargo, la exposición a determinadas sustancias asociadas con los plásticos sí representa una preocupación sanitaria.
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Los especialistas sostienen que mejorar la recolección y el reciclaje es necesario, pero insuficiente. Muchos productos desechables nunca fueron diseñados para circular nuevamente y pierden calidad después de ser procesados. Por ello, las posibles soluciones también incluyen reducir la producción de plásticos innecesarios, fabricar artículos duraderos y reutilizables, exigir responsabilidad a las empresas sobre sus residuos y controlar el comercio internacional de materiales difíciles de reciclar.
Mientras el plástico siga trasladándose hacia lugares sin capacidad para gestionarlo, su costo real no aparecerá únicamente en las cifras comerciales. Se reflejará en el aire, el agua y la salud de las comunidades que reciben aquello que otros países decidieron desechar.