Estudiantes rescatan antiguos estanques que salvan a una comunidad boliviana de la sequía
Cuando Rolando Ágreda tenía 16 años, una intensa sequía golpeó Ascensión de Guarayos, una localidad de la Amazonía boliviana. El paúro que visitaba desde niño, una fuente comunitaria alimentada por agua subterránea, fue uno de los primeros en secarse. Meses después, el único embalse que abastecía a la planta potabilizadora municipal también se quedó sin agua.
La crisis de 2022 obligó a distribuir agua mediante camiones cisterna y llevó a muchas familias a reabrir norias y buscar fuentes alternativas, algunas de las cuales no eran adecuadas para el consumo humano. En noviembre de ese año, medios bolivianos informaron que el municipio llevaba semanas en emergencia y que el agua entregada cada dos días resultaba insuficiente.
Más acción: Mujeres en México se unen para rescatar granjas aztecas
Sin embargo, una iniciativa que había comenzado meses antes en las escuelas ofreció una respuesta inesperada. Con ayuda de sus profesores, Ágreda promovió un concurso estudiantil para localizar y recuperar los paúros abandonados. Los jóvenes retiraron basura, limpiaron la vegetación excesiva y despejaron sus paredes para facilitar la filtración del agua.
Para junio de 2022 habían restaurado ocho. Cuando el embalse municipal se vació en septiembre, los habitantes acudieron a estas fuentes recuperadas, según Mongabay. Lo que parecía un proyecto escolar de limpieza terminó funcionando como una alternativa de emergencia frente al desabastecimiento.
Los paúros, también conocidos como ojos de agua, son estanques o manantiales donde el agua subterránea emerge a la superficie. Pueden ayudar a sostener arroyos y otros cuerpos de agua durante los periodos secos, además de crear pequeños hábitats para distintas especies.
Para el pueblo indígena Guarayú, su importancia no es únicamente práctica. Estos sitios forman parte de una relación cultural y espiritual con el territorio. Tradicionalmente, cada fuente es protegida por un espíritu guardián y corresponde a la comunidad cercana decidir cómo cuidarla, limpiarla y utilizar su agua.
Su mantenimiento se realizaba mediante mingas, jornadas de trabajo colectivo en las que participaban los vecinos. Pero la expansión urbana, la llegada de infraestructura moderna y la pérdida gradual de conocimientos tradicionales provocaron que muchos paúros quedaran cubiertos por la vegetación o fueran utilizados como depósitos de residuos.

Antes de comenzar el proyecto, solo tres de los 28 compañeros de clase de Ágreda sabían qué eran estas fuentes. Recuperarlas implicó, por tanto, restaurar tanto una infraestructura hídrica como una memoria comunitaria que estaba desapareciendo.
Actualmente, Ágreda dirige MAPEKO, una organización juvenil dedicada a fortalecer la adaptación climática de Ascensión de Guarayos. La iniciativa ya no se limita a limpiar manantiales: también involucra a unidades educativas, barrios, profesionales, organizaciones ambientales y autoridades municipales.
El trabajo ha permitido identificar 21 paúros por sus nombres originales en guarayú y recuperar o conservar al menos 14. El mantenimiento anual quedó además integrado en acuerdos con las escuelas de la zona.
La experiencia también se convirtió en política pública. En marzo de 2025, el municipio promulgó la Ley 02/2025 para la Protección, Conservación y Restauración de los Paúros. La norma establece medidas de cuidado y sanciones contra quienes dañen estas fuentes. Cada 22 de marzo también se conmemora localmente el Día de los Paúros mediante actividades educativas y jornadas de restauración.
Ese mismo año se aprobó una segunda normativa: la Ley 16/2025, que creó y protegió el cordón ecológico urbano Yande I Yar, cuyo nombre significa “nuestro guardián del agua”. El área busca conservar un canal natural, contener el avance de las construcciones y conectar los paúros con uno de los últimos espacios verdes dentro de la zona urbana.
Te recomendamos: Pueblos indígenas se hacen presentes y exigen su participación en la COP30
En dos manzanas del corredor se recuperaron tres fuentes, se habilitó un sendero interpretativo de 400 metros y se formó una red de guías locales. La Fundación Socioambiental Semilla señala que el proyecto combinó conocimiento comunitario con aportes de profesionales en biología, ingeniería ambiental, arquitectura, agrimensura y derecho.
Los paúros por sí solos no pueden sustituir un sistema seguro y continuo de agua potable, especialmente durante una crisis prolongada. Su valor está en diversificar las fuentes, proteger los ecosistemas que almacenan agua y reducir la dependencia de una sola obra municipal.