Inundaciones extremas golpean a las comunidades más vulnerables
En Assam, al noreste de India, las inundaciones dejaron de ser únicamente una emergencia estacional. El agua que desbordó los ríos arrasó viviendas, cultivos y caminos, contaminó pozos y obligó a miles de familias a buscar refugio en carreteras elevadas o sobre los techos de sus casas. Para muchas comunidades, el desastre no terminó cuando bajó el nivel del agua, también desaparecieron sus fuentes de ingresos.
La situación refleja un problema que se repite en distintas regiones. Desde las lluvias torrenciales en Japón y Corea del Sur hasta los desbordamientos recientes en Perú, China, Chile y España, las inundaciones extremas están poniendo a prueba la capacidad de respuesta de ciudades y comunidades rurales.
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En Assam, aproximadamente 2,690 aldeas de 25 distritos se inundaron durante 2026 y más de un millón de personas resultaron afectadas. Hasta el 11 de agosto, las autoridades contabilizaban 101 fallecimientos, según The Guardian.
La región, atravesada por el río Brahmaputra y otros afluentes, enfrenta inundaciones frecuentes. Cerca del 40% de su territorio es vulnerable a estos eventos. Sin embargo, la magnitud de los daños también responde a décadas de transformaciones ambientales y problemas estructurales.
La minería, la extracción de arena, la deforestación y la ocupación de terrenos vulnerables alteraron el paisaje y facilitaron que las lluvias arrastraran grandes cantidades de tierra, sedimentos y escombros. Cuando estos materiales llegaron a las comunidades, aumentaron la fuerza destructiva del agua.
Además, los pozos de los que dependen numerosas familias quedaron contaminados, mientras que las pérdidas agrícolas profundizaron la inseguridad económica. Un análisis de World Weather Attribution señala que más de 45,000 hectáreas de cultivos fueron inundadas.
En China, las autoridades actualizaron el 21 de agosto el balance de víctimas del tifón Maysak, que provocó inundaciones en la región de Guangxi a principios de julio: al menos 159 personas fallecieron y otras 10 permanecían desaparecidas.
A esta emergencia se sumó el tifón Dolphin, que avanzó hacia el interior del país en agosto. En la provincia de Hubei, los niveles de agua en 35 embalses superaron los límites de seguridad, lo que obligó a reubicar a 9,705 personas. Las autoridades también suspendieron obras de infraestructura y cerraron espacios turísticos ante el riesgo de inundaciones y deslizamientos.

Japón y Corea del Sur también registraron precipitaciones excepcionales. En Chiba, cerca de Tokio, cayeron 115 milímetros de lluvia en apenas una hora en agosto. Más de 100,000 hogares recibieron indicaciones de evacuación y 13 personas murieron.
En Geoje, Corea del Sur, se registraron 124.5 milímetros en una hora y más de 400 milímetros durante una noche. Estas precipitaciones provocaron interrupciones en el transporte, inundaciones y nuevas alertas de emergencia.
En América Latina, Perú enfrenta lluvias vinculadas con El Niño. El 19 de agosto, las inundaciones interrumpieron el acceso a Machu Picchu, mientras que en Lima decenas de viviendas resultaron afectadas y los sistemas de agua y saneamiento colapsaron en algunas zonas. También se reportaron cierres de carreteras por deslizamientos en Arequipa y Moquegua.
Chile atravesó otra emergencia en julio, cuando las lluvias y las inundaciones dejaron 13 muertos y siete desaparecidos, además de daños en viviendas, cortes de caminos y problemas en el suministro eléctrico.
El calentamiento global aumenta las condiciones que favorecen las lluvias intensas. La Organización Meteorológica Mundial señala que, por cada grado Celsius adicional de calentamiento, la atmósfera puede contener aproximadamente un 7% más de humedad. Esto puede intensificar las precipitaciones y aumentar el peligro de inundaciones.
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Sin embargo, no todas las inundaciones pueden atribuirse directamente al cambio climático de la misma manera.
Un estudio de World Weather Attribution identificó factores más claros detrás de la gravedad del desastre de Assam: la urbanización desordenada, la deforestación, el deterioro de los humedales, los drenajes deficientes y la ocupación de zonas inundables. También señaló que algunos diques y otras estructuras rígidas pueden empeorar las inundaciones cuando bloquean el drenaje natural o acumulan sedimentos.
Reducir los riesgos requiere fortalecer las alertas tempranas, mejorar los drenajes, proteger a las comunidades asentadas en zonas vulnerables y recuperar humedales, bosques y llanuras de inundación. La experiencia de Assam demuestra que una lluvia intensa puede convertirse en una catástrofe mucho mayor cuando el territorio ha perdido su capacidad de absorber y gestionar el agua.