El deshielo en el Ártico está liberando gases que calientan el planeta
Al caminar por la orilla del lago Smith, en Alaska, el ecólogo Ted Schuur observó burbujas que emergían del suelo húmedo. Según un reportaje de Associated Press, eran de metano producido por la descomposición de restos orgánicos antes conservados en el terreno congelado. Esa escena muestra cómo el calentamiento puede activar nuevas emisiones que, a su vez, contribuyen a elevar la temperatura del planeta.
En el Ártico, que se calienta aproximadamente cuatro veces más rápido que el promedio mundial, el deshielo está alterando una reserva de carbono acumulada durante miles de años. Los gases que libera se suman a los procedentes de actividades humanas, como la quema de carbón, petróleo y gas.
El permafrost es terreno que permanece a cero grados Celsius o menos durante al menos dos años consecutivos. Puede contener suelo, rocas, hielo y restos de seres vivos, y mantenerse congelado durante siglos o milenios. Se encuentra en Alaska, Canadá, Siberia y otras regiones frías, incluidas zonas de alta montaña.
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Las bajas temperaturas han mantenido buena parte de su materia orgánica sin descomponerse por completo. Cuando el terreno se descongela, los microorganismos pueden degradarla y liberar el carbono que contiene. En suelos con oxígeno se produce principalmente dióxido de carbono; en zonas encharcadas y pobres en oxígeno puede generarse metano, un gas con un fuerte efecto de calentamiento.

La retroalimentación climática se refiere a cuando el aumento de temperatura descongela el suelo, la descomposición libera gases que retienen calor y ese calor favorece más deshielo. La respuesta también tiene un retraso: las capas profundas tardan en descongelarse y sus emisiones pueden seguir aumentando durante décadas incluso después de que las temperaturas se estabilicen.
La actividad microbiana tampoco se detiene automáticamente cuando llega el frío. Un estudio reciente de la NASA describe una fase en la que el suelo permanece cerca del punto de congelación durante días o semanas antes de congelarse por completo. La humedad disponible permite que los microorganismos continúen activos y emitiendo gases. Comprender cuánto dura esta fase ayuda a mejorar las proyecciones de emisiones.
Una investigación de Environmental Research Letters estimó que las emisiones inducidas por el calentamiento podrían añadir entre 0.2 y 0.4°C a la temperatura global hacia 2100, según distintos escenarios. Esa cifra reúne varios procesos: deshielo del permafrost, incendios y cambios en humedales y aguas continentales. Representa un calentamiento adicional al causado directamente por las emisiones humanas.
Para el permafrost específicamente, las estimaciones centrales de ese trabajo oscilan entre 0.08 y 0.24°C adicionales hacia finales de siglo. Los valores tienen incertidumbres importantes y dependen del escenario de emisiones y de cómo responda el terreno al calentamiento.
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El deshielo puede avanzar gradualmente o provocar colapsos abruptos cuando se derrite el hielo del subsuelo. Los incendios también aceleran el proceso y liberan carbono. Una investigación en Communications Earth & Environment incorporó estos mecanismos a un modelo y encontró que reducen el presupuesto de carbono compatible con las metas del Acuerdo de París: el margen de emisiones disponible para evitar determinados niveles de calentamiento.
Las consecuencias ya son visibles sobre el terreno. En Alaska, el permafrost sostiene viviendas, carreteras y tuberías. Cuando pierde hielo, puede hundirse y comprometer esa infraestructura.
Reducir las emisiones humanas limita el calentamiento que impulsa estos procesos, aunque algunas consecuencias persisten a largo plazo. Los investigadores señalan además la necesidad de mejorar el monitoreo y los modelos para incorporar las emisiones del permafrost a las decisiones climáticas.