La Patagonia podría tener un desborde glaciar como en Nepal
En las montañas, la pérdida de hielo modifica mucho más que el paisaje. También puede alterar la estabilidad de las laderas y ampliar los lagos que reciben agua del deshielo. Cuando una masa de roca o hielo cae sobre ellos, el agua puede desbordarse repentinamente y avanzar hacia comunidades situadas aguas abajo. El Chaltén, en la Patagonia argentina, enfrenta un escenario que los científicos investigan para reducir sus posibles consecuencias.
El desastre de Nepal ha renovado la atención sobre la preparación de El Chaltén ante una posible inundación glaciar, según The Guardian. Allí, la preocupación se concentra en Laguna Torre y en un deslizamiento activo de la ladera norte del cerro Solo, cuyo material podría ingresar al lago y provocar un desborde hacia el río Fitz Roy.
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Un estudio publicado Journal of South American Earth Sciences, liderado por la geóloga Daniela Schmidt, analizó ese mecanismo mediante modelos de inundación. La investigación plantea dos escenarios con caudales máximos estimados de 1,166 y 1,769 metros cúbicos por segundo. Son simulaciones para evaluar posibles daños y orientar la respuesta, no predicciones de cuándo ocurrirá un colapso.
La conexión con el cambio climático parte de una tendencia ampliamente documentada. El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) considera que la influencia humana es, muy probablemente, la principal causa del retroceso casi generalizado de los glaciares desde los años noventa. La pérdida de hielo está transformando los sistemas de agua y los terrenos de montaña.
El IPCC también señala que el retroceso glaciar y el deshielo del permafrost, terreno que permanece congelado durante al menos dos años consecutivos, pueden disminuir la estabilidad de las pendientes. Al mismo tiempo, la expansión de lagos glaciares crea condiciones para inundaciones y otros eventos encadenados en lugares donde antes no se habían registrado.

En Laguna Torre, Schmidt explicó en una entrevista con la organización Boana que las laderas antes sostenidas en su base por hielo ahora están en contacto con el agua. El glaciar ha perdido superficie y el lago ha aumentado de tamaño, cambios que influyen en el volumen de agua que podría movilizarse durante un desbordamiento.
La investigadora advierte, además, que los modelos preliminares consideran únicamente agua, sin incorporar troncos, sedimentos o grandes bloques. Estos materiales podrían modificar el comportamiento de la inundación y agravar sus efectos. Entre las infraestructuras identificadas como vulnerables están el puente sobre el río Fitz Roy y la Ruta Provincial 41, importantes para el acceso y la llegada de ayuda.
El 26 de agosto de 2026, una avalancha de roca y hielo en la frontera entre Nepal y China se convirtió en una inundación cargada de escombros que destruyó comunidades aguas abajo. Según Reuters, al 25 de septiembre el desastre había dejado al menos 1,450 personas fallecidas y miles seguían desaparecidas.
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World Weather Attribution explicó que el evento involucró una cadena de procesos, por lo que su análisis no siguió el esquema habitual de atribuir un episodio meteorológico aislado. La señal sísmica detectada inicialmente estuvo vinculada al propio colapso de roca y hielo, en lugar de demostrar que un terremoto lo había desencadenado.

El análisis identificó el adelgazamiento de los glaciares y el deshielo del permafrost como condiciones que probablemente contribuyeron a desestabilizar la montaña. También reconoció la intervención de factores geológicos. El calentamiento puede favorecer un colapso, pero explicar un desastre concreto exige estudiar cómo interactúan esas condiciones.
En El Chaltén, esa incertidumbre vuelve especialmente valioso el monitoreo. Schmidt propone medir el nivel del lago y del río, observar el movimiento de las laderas e incorporar datos meteorológicos en tiempo real a un sistema de alerta temprana. Esa información permitiría mejorar los escenarios de inundación y definir rutas de evacuación para residentes y visitantes.