Pausas de hidratación en el Mundial: ¿realmente son necesarias?
El Mundial 2026, organizado por Estados Unidos, México y Canadá, se juega en pleno verano del hemisferio norte, en ciudades donde las altas temperaturas y la humedad pueden convertirse en un factor decisivo dentro y fuera de la cancha. Ante esta preocupación, la FIFA implementó pausas obligatorias de tres minutos a mitad de cada tiempo, sin importar la temperatura del estadio, si el recinto está techado o si cuenta con aire acondicionado.
La decisión, sin embargo, ha generado debate. Algunos críticos consideran que estas interrupciones alteran el ritmo del partido, afectan el espectáculo para los aficionados e incluso abren una ventana estratégica para que los entrenadores den instrucciones y cambien el impulso del juego. En algunos casos, las transmisiones también han aprovechado estos momentos para incluir cortes comerciales.
Conoce: El rival invisible del Mundial 2026 será el calor extremo
Desde la FIFA, el argumento principal es que la regla busca garantizar condiciones iguales para todos los equipos en todos los partidos. La decisión también toma como referencia experiencias recientes, como el Mundial de Clubes disputado en Estados Unidos, donde las altas temperaturas pusieron nuevamente sobre la mesa la necesidad de adaptar el deporte a un clima cada vez más extremo.
Aunque los futbolistas profesionales cuentan con preparación física, monitoreo médico y rutinas de entrenamiento intensivas, eso no los vuelve inmunes al calor. Cuando una persona realiza actividad física exigente bajo condiciones cálidas y húmedas, puede sufrir una enfermedad por calor por esfuerzo, una condición que ocurre cuando el cuerpo se sobrecalienta y empieza a poner bajo presión al corazón, los músculos, los nervios y el sistema nervioso central.
Los síntomas pueden incluir calambres, fatiga extrema, bajo rendimiento, dolor de cabeza, irritabilidad, náuseas, mareos, deshidratación y confusión. En casos más graves, cuando la temperatura interna del cuerpo supera los 40.5 °C, una persona puede desorientarse, actuar de forma agresiva o incluso perder el conocimiento. Esas señales pueden indicar un golpe de calor por esfuerzo, una emergencia médica que requiere atención inmediata.

La deshidratación agrava el riesgo. En condiciones de calor, un atleta puede perder entre uno y dos litros de sudor por hora, y muchas veces no logra reponer todo el líquido que elimina. Incluso una pérdida de apenas el 2 % del peso corporal por deshidratación puede afectar el rendimiento físico.
El calor extremo también puede influir en la toma de decisiones. En un deporte donde los segundos importan, la confusión, la fatiga y la pérdida de concentración pueden alterar la capacidad de leer el juego, reaccionar a tiempo o ejecutar una estrategia. En un Mundial, esas diferencias mínimas pueden cambiar el resultado de un partido.
Más riesgos: El cambio climático está amenazando el deporte
Los expertos señalan que el cuerpo humano puede funcionar bien en temperaturas moderadamente cálidas, pero existe un límite crítico. Cuando se combina temperatura, humedad, viento y radiación solar, lo que se conoce como temperatura de globo y bulbo húmedo, el riesgo aumenta de forma considerable. Por encima de ciertos umbrales, el cuerpo pierde capacidad para enfriarse con rapidez y los mecanismos fisiológicos empiezan a fallar.
Las pausas de hidratación permiten que jugadores y árbitros beban agua, repongan sales perdidas por el sudor y apliquen estrategias rápidas de enfriamiento, como colocarse toallas frías y húmedas sobre el cuerpo. Pero varios científicos consideran que tres minutos pueden ser insuficientes cuando las condiciones son realmente extremas.
Algunos especialistas han pedido a la FIFA que las pausas duren al menos seis minutos. La razón es sencilla: enfriar el cuerpo toma tiempo. Aunque una pausa breve puede ayudar, su impacto depende de que esté bien organizada y de que los jugadores aprovechen esos minutos para hidratarse y reducir su temperatura corporal.

Un estudio de 2024 encontró que una pausa de tres minutos podía disminuir la temperatura interna de los atletas en aproximadamente 0.4 °C durante una simulación de carrera de fútbol en una cámara de calor. Pero ese resultado ocurrió bajo condiciones ideales: los jugadores bebieron entre 350 y 400 mililitros de agua fría y usaron una toalla fría sobre los hombros.
En un partido real, el escenario puede ser más complejo. No todos los jugadores toleran beber grandes cantidades de líquido en tan poco tiempo, especialmente si deben volver de inmediato a correr a alta intensidad. Además, el nivel de recuperación varía según el cuerpo de cada atleta, su adaptación al calor, su hidratación previa y la intensidad del partido.
Aun así, los expertos coinciden en que las pausas son importantes. No eliminan por completo el riesgo de enfermedades por calor, pero pueden reducir la probabilidad de que una situación de estrés térmico se convierta en una emergencia. También envían un mensaje claro: el deporte ya no puede planificarse como si el clima fuera el mismo de antes.
La discusión sobre estas pausas va más allá del fútbol. A medida que el planeta se calienta, los calendarios deportivos, los horarios de competencia, los lugares donde se juegan los torneos y las medidas de protección para atletas y público tendrán que cambiar.