Las petroleras siguen creciendo mientras el planeta se calienta
Mientras las olas de calor rompen récords, los incendios forestales se intensifican y millones de personas enfrentan temperaturas cada vez más peligrosas, las grandes compañías petroleras avanzan en sentido contrario a la acción climática: planean producir más petróleo y gas en los próximos años.
La ciencia ha reiterado que quemar combustibles fósiles acelera el calentamiento global, pero parte de la industria que más contribuye a esa crisis sigue encontrando incentivos económicos para expandirse.
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La reciente ola de calor en Europa volvió a mostrar esa relación. Un análisis del consorcio World Weather Attribution señaló que el calor extremo que afectó al oeste europeo fue más intenso debido al cambio climático provocado por la quema de carbón, petróleo y gas. Además, advirtió que casi la mitad de las 850 ciudades más grandes de Europa experimentaban niveles récord de estrés térmico, una combinación de calor y humedad que dificulta que el cuerpo se enfríe.
El problema no es solo lo que ya se ha emitido, sino lo que todavía se planea extraer. Un informe del TPI Global Climate Transition Centre, de la London School of Economics, evaluó los planes de transición de grandes empresas de petróleo, gas y minería. En el caso del sector petrolero, encontró poca evidencia de que las compañías estén transformando sus modelos de negocio al ritmo necesario. Entre las 11 empresas que revelaron sus planes de producción, la extracción de petróleo y gas aumentaría 14% para 2030, al pasar de 22.90 a 26.16 millones de barriles equivalentes de petróleo por día.

Ese aumento choca con los escenarios climáticos internacionales. La Agencia Internacional de Energía ha señalado que, en una ruta compatible con emisiones netas cero para 2050, no se necesitan nuevos campos de petróleo y gas más allá de los proyectos ya comprometidos en 2021. En esa trayectoria, la demanda de petróleo tendría que caer de forma drástica hacia mediados de siglo, no expandirse.
El informe del TPI también muestra otra brecha importante: aunque varias empresas anuncian metas climáticas, sus planes concretos para invertir en energía baja en carbono siguen siendo limitados. De las compañías que reportan objetivos cuantificados para aumentar la producción de energía baja en carbono, ninguna proyecta un cambio suficiente para alinearse con los escenarios evaluados; la participación máxima calculada de energía baja en carbono dentro de su producción total apenas llegaría a 5% para 2030.
La expansión ocurre en un contexto de ganancias elevadas. Global Witness reportó que seis grandes petroleras europeas, bp, Shell, TotalEnergies, Eni, Equinor y Repsol, obtuvieron en conjunto cerca de 22,000 millones de dólares en ganancias durante el primer trimestre de 2026, un aumento de 43% respecto al mismo periodo del año anterior. La organización atribuyó parte de ese repunte a la volatilidad de los precios del petróleo vinculada a conflictos geopolíticos.
Al mismo tiempo, algunas empresas han reducido o suavizado compromisos climáticos que antes presentaban como señales de transición. The Guardian destaca el caso de BP, que años atrás prometió recortar su producción de petróleo y gas, pero después debilitó esa meta y anunció una reducción en inversiones renovables mientras elevaba el gasto en petróleo y gas. El patrón se repite en otras compañías; Equinor elevó su objetivo de producción hacia 2030 y Petrobras, en Brasil, apunta a aumentar su oferta de petróleo en la misma década.

La discusión de fondo no es solo empresarial, sino política. Mientras los costos del cambio climático se manifiestan en salud pública, infraestructura, agricultura, incendios y pérdida de biodiversidad, los beneficios económicos de la expansión fósil siguen concentrados en compañías e inversionistas. Esto crea un incentivo perverso, cuanto más se retrasa la transición energética, más oportunidades tiene la industria de seguir vendiendo combustibles que agravan el problema.
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Para cambiar esa dinámica, los expertos han insistido en políticas que reduzcan la dependencia de los combustibles fósiles y aceleren la inversión en energías limpias, eficiencia energética, transporte eléctrico, redes modernas y adaptación climática. La Agencia Internacional de Energía sostiene que las tecnologías necesarias para lograr recortes profundos de emisiones esta década ya existen, pero requieren una expansión masiva y políticas públicas consistentes.
La transición energética no solo implica producir energía limpia; también requiere dejar de expandir aquello que empuja al sistema climático hacia escenarios más peligrosos.