Nos alejamos del peor futuro climático, pero también del más optimista
La ciencia climática acaba de ajustar el mapa de futuros posibles para el planeta. La buena noticia es que el escenario más catastrófico, uno dominado por una expansión masiva del carbón y un calentamiento de hasta 4.5°C para finales de siglo, hoy se considera menos probable. La mala noticia es que el escenario más optimista también se está debilitando. Incluso las proyecciones más favorables ahora apuntan a que el mundo superará el límite de 1.5°C acordado en el Acuerdo de París.
Según una nueva propuesta científica, los investigadores trabajan ahora con siete escenarios plausibles de contaminación por carbono. Estos buscan reflejar de forma más realista hacia dónde podría ir el mundo, desde trayectorias de altas emisiones hasta rutas de mitigación más ambiciosas.
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El ajuste no significa que la crisis climática sea menos grave, sino que el abanico de posibilidades se está estrechando: el futuro probablemente no será tan extremo como se temía, pero tampoco tan seguro como se esperaba.
El nuevo peor escenario proyecta un calentamiento cercano a 3.5°C para finales de siglo, alrededor de un grado menos que el antiguo escenario de mayor riesgo. Ese cambio se debe, en parte, al avance de las energías renovables y a la caída del costo de tecnologías como la solar y la eólica. Sin embargo, los científicos advierten que estos avances no han sido lo suficientemente rápidos para sostener el mejor escenario posible.
El Acuerdo de París, firmado en 2015, estableció como meta limitar el calentamiento global a 1.5°C por encima de los niveles preindustriales. Durante años, ese número ha funcionado como una línea simbólica y científica para reducir los impactos más peligrosos del cambio climático. Pero la nueva evaluación indica que incluso el escenario más optimista rebasaría temporalmente ese umbral, alcanzando alrededor de 1.7°C durante varias décadas antes de volver a bajar, si es que se logra desarrollar tecnología capaz de retirar grandes cantidades de carbono de la atmósfera.

La diferencia entre 1.5°C, 2°C o 3°C no es abstracta. Cada décima adicional de calentamiento aumenta los riesgos para ecosistemas, disponibilidad de agua dulce, biodiversidad, salud humana y eventos extremos como inundaciones y olas de calor. El IPCC ha advertido que cada incremento de calentamiento intensifica peligros múltiples y simultáneos, y que los riesgos proyectados son mayores que los evaluados en reportes anteriores.
Hoy el planeta ya se encuentra alrededor de 1.3°C por encima de los niveles preindustriales y la Organización Meteorológica Mundial reportó que 2025 fue uno de los años más cálidos registrados, con una temperatura media global de aproximadamente 1.4°C sobre el promedio de 1850-1900.
El mensaje central de la nueva evaluación es incómodo: la transición energética ha logrado evitar parte del peor futuro posible, pero aún no ha transformado el rumbo climático con la velocidad necesaria. Las emisiones del sector energético continuaron aumentando en 2025, aunque a un ritmo menor que el crecimiento económico global, según la Agencia Internacional de Energía.
La expansión de energías limpias ha reducido la probabilidad de un escenario extremo basado en carbón, pero la dependencia persistente de combustibles fósiles sigue empujando al planeta hacia impactos severos. En uno de los escenarios intermedios analizados, la trayectoria actual llevaría a un calentamiento aproximado de 3°C hacia finales de siglo.
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Además, existe una gran incertidumbre que no depende directamente de las decisiones humanas, que son las retroalimentaciones climáticas. A medida que el planeta se calienta, océanos, bosques, suelos y regiones como la Amazonía pueden liberar carbono adicional o perder capacidad de absorberlo. Estos procesos podrían sumar hasta medio grado Celsius extra de calentamiento sobre lo ya provocado por las emisiones humanas.
La humanidad ha demostrado que puede cambiar la trayectoria del calentamiento, pero también que los avances parciales no bastan. El peor escenario puede estar más lejos, pero un futuro peligroso sigue muy cerca si la reducción de emisiones no se acelera.