La joyería de lujo alimenta el tráfico ilegal de coral rojo
Una embarcación turística frente a la isla griega de Skópelos escondía una carga mucho más valiosa de lo que aparentaba. En su interior, las autoridades encontraron coral rojo extraído ilegalmente del fondo del mar, cuyo valor fue estimado en unos 800,000 euros.
Ciudadanos italianos fueron detenidos por su presunta participación en la operación, mientras las autoridades investigan la ruta que habría seguido el cargamento hasta Italia. El caso revelado en el mar Egeo no solo expone una red de contrabando: también pone el foco sobre un animal marino que necesita décadas para crecer, pero puede desaparecer en cuestión de minutos debido a la extracción.
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Conocido como el “oro rojo” del Mediterráneo, el coral rojo (Corallium rubrum) es codiciado por su intenso color y su uso en joyería, ropa y accesorios de lujo. Sin embargo, detrás de las piezas que llegan al mercado puede existir una cadena difícil de rastrear, en la que el material recolectado legalmente se mezcla con ejemplares extraídos de zonas protegidas o sin autorización.
Aunque su apariencia puede recordar a una planta o una roca, el coral rojo es un animal colonial. Está formado por numerosos pólipos que construyen lentamente un esqueleto calcáreo duro. Habita principalmente en zonas rocosas del Mediterráneo y en aguas cercanas del Atlántico oriental, desde áreas relativamente poco profundas hasta profundidades superiores a los 100 metros.
Su crecimiento es extremadamente lento. Una colonia grande y madura puede tardar hasta un siglo en formarse, según informa Euronews. Esta característica impide que las poblaciones se recuperen rápidamente cuando los ejemplares son arrancados del fondo marino.
El coral rojo ha sido utilizado por los seres humanos desde tiempos prehistóricos. Durante siglos se le atribuyeron propiedades protectoras y curativas, además de apreciarse como símbolo de prestigio. En la actualidad, su esqueleto se pule y transforma principalmente en collares, pulseras, pendientes, amuletos y otros artículos decorativos.

La localidad italiana de Torre del Greco, cerca de Nápoles, se convirtió en uno de los principales centros europeos de procesamiento y elaboración de joyas de coral. La actividad puede ser legal si la materia prima fue recolectada conforme a las normas de cada país. El problema surge cuando el coral extraído ilícitamente ingresa a los mismos talleres y cadenas comerciales.
Su precio depende del tamaño, el color, la calidad y el grado de procesamiento. Un informe de la Comisión General de Pesca del Mediterráneo de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), indica que los ejemplares de mayor calidad pueden alcanzar los 5,000 euros por kilogramo.
El renovado interés de grandes casas de moda y joyería ha contribuido a elevar la demanda. Al mismo tiempo, su alto valor ha alimentado rutas ilegales desde países del sur de Europa y el norte de África. En Argelia, por ejemplo, se calcula que hasta tres toneladas pueden ser traficadas anualmente hacia Europa, con Italia entre sus principales destinos.
La trazabilidad es uno de los mayores desafíos para combatir este delito ambiental. Cuando el coral todavía está en bruto, pueden estudiarse algunas de sus características y revisar la documentación asociada a su captura. Pero una vez cortado, pulido y convertido en una joya, determinar su procedencia se vuelve mucho más complicado.
Entre 2020 y 2023, siete países mediterráneos participaron en un programa de la Comisión General de Pesca del Mediterráneo para mejorar el conocimiento sobre las poblaciones de coral rojo y fortalecer su manejo y trazabilidad. Grecia participó mediante el Centro Helénico de Investigación Marina.
Pese a estos esfuerzos, todavía existe una gran falta de información. Maria Salomidi, investigadora de esa institución, advirtió que los fondos marinos griegos no han sido cartografiados completamente. Los científicos conocen algunos lugares donde existen formaciones, pero aún no poseen una imagen integral de su extensión ni de su estado.
Esta falta de datos dificulta saber cuánto coral queda, cuáles colonias necesitan protección urgente y qué cantidad podría extraerse sin provocar su agotamiento. La Comisión General de Pesca del Mediterráneo ya ha alertado que sus poblaciones podrían encontrarse sobreexplotadas.
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La pesca profesional y recreativa también puede dañar las colonias, incluso cuando el coral no es el objetivo. Redes, sedales, anclas y otras herramientas pueden romper estas estructuras frágiles y alterar los hábitats que ofrecen refugio a distintos organismos marinos.
El caso de Skópelos podría representar apenas una fracción del comercio clandestino. Salomidi señaló que, si las autoridades lograron detectar un incidente, probablemente han ocurrido muchos más. La extracción ilegal puede eliminar en poco tiempo colonias que tardaron generaciones humanas en desarrollarse.
Detrás de una joya de coral rojo puede esconderse así una pérdida irreversible. Frenar este mercado requiere controles más estrictos, fondos marinos mejor estudiados, sistemas de trazabilidad eficaces y mayor responsabilidad de las marcas y compradores. Sin estas medidas, el valor comercial del llamado “oro rojo” podría terminar superando el valor que se concede a mantenerlo vivo en el Mediterráneo.