Las maratones corren contra un clima cada vez más extremo
Las maratones atraviesan uno de sus momentos de mayor popularidad, pero también enfrentan un obstáculo que ningún entrenamiento puede controlar: un clima cada vez más caliente y volátil. Las temperaturas elevadas, la humedad, el humo de los incendios, las tormentas y otros fenómenos extremos están obligando a modificar horarios, cambiar fechas, reducir recorridos e incluso cancelar carreras.
En Estados Unidos, varias competencias ya han comenzado a adaptarse. La maratón de Twin Cities, en Minneapolis-Saint Paul, trasladará su fecha hacia finales de octubre a partir de 2027, después de que el calor y la humedad obligaran a cancelar la edición de 2023. La carrera de Sioux Falls también pasó de agosto a septiembre tras suspenderse en 2024, mientras otras pruebas adelantaron sus horarios. En Los Ángeles, los organizadores ofrecieron a los participantes la opción de terminar en el kilómetro 29 y recibir una medalla ante las altas temperaturas, según informó Associated Press.
Estas alteraciones ocurren mientras correr gana seguidores en todo el mundo. Aunque no existe un registro único de todos los corredores, las grandes competencias muestran la magnitud del auge. La maratón de Londres recibió más de 1.13 millones de solicitudes para su edición de 2026, un aumento del 36% respecto al año anterior y casi el doble que en 2024. En 2025, la prueba reunió a 56,640 finalistas, de acuerdo con London Marathon Events. Ese mismo año, Nueva York alcanzó un récord de 59,226 personas que completaron el recorrido.
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Parte de este crecimiento se explica por la accesibilidad del deporte. Una investigación de Nielsen para World Athletics, realizada en diez países, encontró que cuatro de cada diez personas consultadas se consideraban corredoras. Entre sus principales motivaciones estaban mejorar la salud, avanzar a su propio ritmo y no necesitar demasiado equipo. Las aplicaciones deportivas, los clubes urbanos, las redes sociales y el turismo asociado a las carreras también han convertido una actividad individual en una experiencia comunitaria y global.

Pero cuantos más participantes reúnen estos eventos, mayor es el desafío de protegerlos. Una maratón implica mantener un esfuerzo intenso durante varias horas, muchas veces sobre asfalto expuesto al sol y en ciudades donde el efecto de isla de calor eleva aún más la temperatura.
Un análisis de Climate Central examinó 221 maratones alrededor del mundo y estimó que, para 2045, 190 de ellas (el 86%) tendrán una menor probabilidad de ofrecer temperaturas óptimas para corredores recreativos o de élite. La lista incluye las siete World Marathon Majors analizadas entonces: Tokio, Boston, Londres, Berlín, Chicago, Nueva York y Sídney.
El rango más favorable suele ubicarse aproximadamente entre los 6 y 10°C, aunque varía según el ritmo y el perfil del atleta. Al correr, solo cerca de una cuarta parte de la energía producida por el cuerpo se transforma en movimiento; el resto genera calor que debe disiparse. Cuando aumenta la temperatura, el organismo necesita enviar sangre tanto a los músculos como a la piel para enfriarse. Si además hay humedad, el sudor se evapora con dificultad y pierde efectividad, lo que incrementa el riesgo de agotamiento y golpe de calor.

El problema ya puede observarse fuera de Estados Unidos. Climate Central concluyó que el calor inusual durante las maratones de Berlín y Tokio de 2025 fue, respectivamente, dos y tres veces más probable debido al cambio climático causado por las actividades humanas. En el Mundial de Atletismo de Tokio, las pruebas de ruta tuvieron que comenzar más temprano para reducir la exposición al calor.
Las amenazas tampoco se limitan a las altas temperaturas. El humo de incendios forestales puede deteriorar la calidad del aire justo cuando los corredores inhalan grandes volúmenes de oxígeno. Las tormentas y los vientos fuertes también comprometen rutas e infraestructura: en 2025, la Maratón de Ciudad del Cabo fue cancelada pocas horas antes del inicio porque las ráfagas dañaron carpas, vallas y otras instalaciones. Un solo evento no puede atribuirse automáticamente al cambio climático, pero demuestra la vulnerabilidad de competencias que dependen de condiciones meteorológicas seguras.
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Adelantar las salidas, trasladar carreras a meses más frescos, habilitar distancias menores, reforzar los puntos de hidratación y vigilar el calor, la humedad y la calidad del aire serán medidas cada vez más necesarias. Sin embargo, la adaptación tiene límites: mover una fecha puede evitar una ola de calor, pero no garantiza escapar de inundaciones, humo o tormentas.
Lo que está en riesgo no es únicamente la posibilidad de romper récords. También lo están la salud de miles de participantes, los meses de preparación de los corredores y la viabilidad de eventos que movilizan turismo, voluntariado y actividad económica. Si el calentamiento continúa, correr 42 kilómetros podría seguir siendo posible, pero encontrar el lugar y el momento adecuados para hacerlo será cada vez más difícil.