Descubren más de 1,100 nuevas especies marinas en un año
El océano acaba de recordarnos algo enorme: todavía conocemos apenas una parte de la vida que existe bajo la superficie. Científicos de Ocean Census, una iniciativa global liderada por The Nippon Foundation-Nekton Ocean Census, anunciaron el descubrimiento de 1,121 especies marinas previamente desconocidas en un solo año, un hallazgo que marca un avance importante en la carrera por documentar la biodiversidad marina antes de que muchas especies desaparezcan sin haber sido estudiadas.
Las especies fueron identificadas a partir de expediciones y talleres científicos realizados en distintas regiones del mundo, desde aguas poco profundas hasta profundidades extremas de más de 6,500 metros. Entre los hallazgos se encuentran corales, cangrejos, camarones, erizos de mar, anémonas, gusanos y una nueva especie de quimera, también conocida como “tiburón fantasma”, un pariente lejano de los tiburones y las rayas que habita en el océano profundo.
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El resultado no solo sorprende por la cantidad de especies nuevas, sino por lo que revela sobre el desconocimiento que aún existe alrededor de los ecosistemas marinos. Ocean Census señala que hasta el 90% de las especies del océano podrían seguir sin descubrirse. Esto significa que millones de formas de vida podrían estar cumpliendo funciones ecológicas clave sin que sepamos aún cómo viven, qué necesitan para sobrevivir o qué papel cumplen dentro de los ecosistemas.
Uno de los hallazgos más llamativos fue el de una nueva quimera en el Parque Marino del Mar del Coral, en Australia, encontrada entre los 802 y 838 metros de profundidad. Estos animales pertenecen a una línea evolutiva muy antigua, separada de otros peces cartilaginosos desde hace cientos de millones de años. Su descubrimiento muestra que incluso grupos conocidos por la ciencia pueden seguir guardando especies no documentadas en zonas profundas y poco exploradas.
También se identificó un gusano poliqueto que vive dentro de una esponja vítrea en una cadena de montes submarinos volcánicos cerca de Japón. La especie, llamada Dalhousiella yabukii, habita en una estructura descrita por los investigadores como un “castillo de cristal”, formada por las cámaras internas de una esponja con esqueleto de sílice. Este tipo de relación entre especies muestra que el océano profundo no es un espacio vacío ni aislado, sino una red compleja de refugios, asociaciones y dependencias biológicas.


Otros descubrimientos ocurrieron en lugares mucho más cercanos a la superficie. En Timor-Leste, por ejemplo, se encontró un gusano cinta de menos de tres centímetros con una pigmentación intensa que podría funcionar como señal de advertencia para depredadores.
En una cueva marina cerca de Marsella, Francia, los científicos identificaron una nueva especie de camarón con bandas anaranjadas, un recordatorio de que los grandes descubrimientos no ocurren únicamente en zonas remotas: también pueden aparecer en costas altamente estudiadas y presionadas por la actividad humana.

El trabajo de Ocean Census busca responder a un problema histórico de la ciencia marina: descubrir una especie no significa que esta sea reconocida de inmediato. En promedio, el proceso entre encontrar un organismo y describirlo formalmente en la literatura científica puede tardar más de una década. Durante ese tiempo, muchas especies permanecen en una especie de limbo científico, sin suficiente información disponible para incluirlas en planes de conservación o evaluar los riesgos que enfrentan.
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Para acelerar ese proceso, Ocean Census lanzó NOVA, una plataforma de acceso abierto que permite registrar datos de nuevas especies en cuestión de semanas o incluso días. La meta es que la información no quede encerrada en laboratorios o colecciones, sino que pueda estar disponible para investigadores, gobiernos y responsables de políticas públicas que necesitan datos confiables para proteger ecosistemas marinos.
Esto es especialmente importante en un momento en que el océano enfrenta múltiples presiones: calentamiento de las aguas, contaminación, pesca intensiva, acidificación, pérdida de hábitats y el creciente interés por actividades como la minería en aguas profundas. Cada especie descubierta suma una pieza al mapa de la vida marina, pero también una advertencia: no se puede proteger lo que todavía no se conoce.
Los más de 1,100 hallazgos de Ocean Census no son solo una celebración científica. Son una señal de que el océano sigue siendo uno de los grandes territorios desconocidos del planeta y de que la biodiversidad marina necesita más investigación, más cooperación internacional y más decisiones basadas en evidencia.