Mientras más se calienta el océano, más especies invasoras aparecen
El Mediterráneo ya no alberga la misma vida marina que conocieron las generaciones anteriores. El aumento de la temperatura del agua está favoreciendo la expansión de especies procedentes de mares más cálidos, mientras algunos peces, moluscos y otros organismos nativos pierden hábitat, alimento y posibilidades de sobrevivir.
De acuerdo con una investigación periodística de Associated Press, publicada por ABC News, alrededor de 1,000 especies no nativas han sido identificadas en el Mediterráneo y unas 800 ya se encuentran establecidas. No todas las especies introducidas se consideran invasoras: este término se reserva para aquellas que ocasionan o pueden ocasionar daños ambientales, económicos o a la salud.
El Mediterráneo es especialmente vulnerable porque funciona como una cuenca relativamente cerrada, donde el calor no se dispersa de la misma manera que en los grandes océanos. La red científica Mediterranean Experts on Climate and Environmental Change considera a la región un punto crítico del cambio climático. Su evaluación indica que la temperatura de la superficie del mar podría aumentar entre 1 y 4°C hacia finales de siglo, dependiendo de cuánto se reduzcan las emisiones.
Este calentamiento no transporta por sí solo a las especies invasoras. Muchas llegan mediante actividades humanas, como la navegación, el agua de lastre de los barcos o la adhesión de organismos a sus cascos. En el Mediterráneo, el canal de Suez también funciona como una vía de entrada desde el mar Rojo. Sin embargo, el aumento de la temperatura crea condiciones más favorables para que organismos de aguas cálidas sobrevivan, se reproduzcan y amplíen su distribución.
Entre las especies que avanzan por el Mediterráneo se encuentran el pez león, el pez globo plateado y varias especies de peces conejo. El pez león, registrado en el Mediterráneo oriental desde 2012, se ha desplazado rápidamente hacia el oeste. Como depredador, consume numerosos peces pequeños y compite con especies locales por alimento y espacio.
Los peces conejo producen otro tipo de transformación. Al alimentarse intensamente de algas, pueden dejar zonas rocosas prácticamente desnudas. Estos “desiertos submarinos” pierden la vegetación que servía como refugio, alimento y área de reproducción para otros organismos. Por tanto, la alteración no se limita a sustituir una especie por otra: modifica la estructura y el funcionamiento de todo el ecosistema.

En Chipre, uno de los primeros territorios en experimentar la expansión de especies procedentes del mar Rojo, los pescadores han observado la reducción de capturas tradicionales como el salmonete. La Comisión General de Pesca del Mediterráneo de la FAO advierte que erradicar una especie marina una vez establecida suele ser prácticamente imposible, además de costoso.
Al mismo tiempo, el calor extremo está expulsando o eliminando especies nativas, aunque no exista competencia directa con un invasor. En aguas poco profundas del Mediterráneo oriental, las poblaciones nativas de moluscos han sufrido un colapso de alrededor del 90%. En algunas zonas del Adriático, donde el agua ha superado temporalmente los 30°C, también se han registrado mortandades masivas de mejillones.
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Estos cambios muestran dos movimientos simultáneos: especies adaptadas a temperaturas elevadas amplían su territorio, mientras otras se desplazan hacia aguas más frías, buscan mayor profundidad o desaparecen localmente. No todas pueden migrar al mismo ritmo. Los organismos fijos al fondo marino, las especies con poca capacidad de dispersión o aquellas que dependen de hábitats muy específicos enfrentan mayores dificultades.
Las consecuencias llegan hasta las comunidades costeras. Cuando disminuyen las especies que sostienen la pesca tradicional, cambian los ingresos, los mercados y la alimentación local. Algunas especies invasoras también representan riesgos: el pez globo plateado contiene una toxina potencialmente mortal si se consume y las espinas del pez león pueden causar lesiones dolorosas.

Entre las respuestas ensayadas se encuentra fomentar la pesca y el consumo de especies invasoras comestibles. En países como Líbano y Turquía, el pez león, algunos peces conejo y el cangrejo azul han comenzado a incorporarse al mercado. La medida puede reducir parcialmente sus poblaciones y generar ingresos, pero requiere controles sanitarios, información al consumidor y vigilancia para evitar que se incentive su crianza o dispersión.
La prevención continúa siendo más eficaz que intentar controlar una invasión consolidada. Tratar el agua de lastre, limpiar los cascos de las embarcaciones, vigilar puertos y detectar especies tempranamente ayuda a disminuir nuevas introducciones. También es necesario reducir la sobrepesca, la contaminación y la destrucción de hábitats, presiones que dejan a los ecosistemas nativos con menos capacidad de resistir.
El cambio climático está reorganizando la distribución de la vida en el planeta. El resultado no será simplemente que cada especie se mueva hacia un lugar más fresco, sino la formación de comunidades ecológicas distintas, con nuevas relaciones entre depredadores, presas y competidores. La adaptación puede contener algunos daños, pero mientras los océanos continúen calentándose, las condiciones que favorecen estas alteraciones seguirán avanzando.