Aves marinas mueren de hambre por el calentamiento de los océanos
En las playas de San Diego, los cuerpos de aves marinas han comenzado a aparecer entre algas, rocas y arena. Científicos y voluntarios en la costa de California encontraron una señal alarmante de lo que ocurre dentro del océano. Una ola de calor marina está alterando la cadena alimentaria y dejando sin comida a especies que dependen de peces pequeños y aguas frías para sobrevivir.
Según reportó Associated Press, muchas aves marinas, como pelícanos pardos de California, colimbos y zampullines, han muerto de hambre en los últimos meses, mientras las temperaturas récord del océano reducen la presencia de aguas superficiales frías y ricas en nutrientes cerca de la costa. Es en esas zonas donde prosperan especies como el kril, las anchoas y las sardinas, alimento clave para numerosas aves marinas.
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Centros de rehabilitación de vida silvestre en California atendieron durante la primavera a cientos de aves debilitadas y desnutridas, justo cuando la ola de calor marina se intensificó. Algunas, como los pelícanos, han sido vistas en lugares inusuales, incluso en lagos tierra adentro, buscando alimento fuera de sus zonas habituales. En esa búsqueda desesperada también aumenta el riesgo de que se acerquen a embarcaciones, muelles o artes de pesca, donde pueden terminar heridas por anzuelos o líneas.
Las olas de calor marinas ocurren cuando la temperatura del océano se mantiene mucho más alta de lo habitual durante un periodo prolongado. No son solo un aumento de temperatura, pueden reorganizar ecosistemas completos. NOAA explica que estos eventos afectan la estructura de los ecosistemas, la biodiversidad y las economías regionales, especialmente cuando alteran procesos como el afloramiento marino, que lleva aguas frías y llenas de nutrientes desde las profundidades hacia la superficie.
En la costa oeste de Estados Unidos, NOAA ya venía rastreando una gran ola de calor marina desde 2025. En septiembre de ese año, el evento alcanzó un tamaño cercano a los 10 millones de kilómetros cuadrados, el mayor registrado para una ola de calor marina en la región del noreste del Pacífico desde que comenzó el monitoreo en 1982. Aunque parte del calor disminuyó después, las aguas cálidas volvieron a acercarse a California y han persistido en zonas costeras.

Para las aves marinas, ese cambio puede ser crítico. Muchas dependen de peces pequeños que se concentran en aguas frías y productivas. Cuando el calor empuja a esas especies hacia aguas más profundas o más al norte, las aves deben gastar más energía para encontrarlas. Si no logran alimentarse lo suficiente, sus reservas corporales se agotan rápidamente.
En el caso de los araos comunes, aves que se parecen a pequeños pingüinos pero pueden volar y bucear a grandes profundidades, necesitan consumir diariamente una cantidad equivalente al 10% o 30% de su peso corporal; si no lo hacen, pueden llegar a un punto crítico de inanición en apenas tres días.
Los científicos advierten que no todas las muertes registradas este año pueden atribuirse directamente a la ola de calor marina. Autoridades de vida silvestre de California han señalado que muchos ejemplares muertos o debilitados eran jóvenes, y que algunas mortalidades podrían estar relacionadas con la dificultad de sobrevivir después de una temporada reproductiva abundante. Sin embargo, el aumento de reportes en distintas especies, no solo en aves jóvenes, mantiene la preocupación sobre el papel del calentamiento oceánico.
La preocupación aumenta porque este calentamiento costero coincide con el inicio de El Niño. El Centro de Predicción Climática de NOAA confirmó el 11 de junio de 2026 que las condiciones de El Niño están presentes y se espera que se fortalezcan durante el invierno del hemisferio norte 2026-2027. Además, NOAA estima una probabilidad del 63% de que alcance una intensidad “muy fuerte” entre noviembre y enero, lo que lo colocaría entre los eventos más grandes del registro histórico desde 1950.
El Niño no causa por sí solo todas las anomalías cálidas observadas frente a California, pero puede prolongar o intensificar condiciones oceánicas que ya están afectando a la vida marina. NOAA advierte que la zona costera podría pasar de aguas anormalmente cálidas por la ola de calor marina a un nuevo periodo de calentamiento asociado con El Niño, algo similar a lo ocurrido entre “The Blob” y el fuerte El Niño de 2015-2016.
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Ese antecedente pesa mucho. Entre 2014 y 2016, una enorme masa de agua cálida conocida como “The Blob” alteró ecosistemas del Pacífico nororiental, desde Alaska hasta Baja California. Un estudio publicado en Science en 2024 estimó que cerca de 4 millones de araos comunes murieron en Alaska durante aquel evento, aproximadamente la mitad de su población en la región. El Servicio de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos lo describe como la mayor mortandad documentada de una sola especie silvestre en la historia moderna.
Lo más inquietante es que, años después, esas poblaciones aún no muestran una recuperación clara. Para los científicos, las aves marinas funcionan como centinelas del océano: cuando aparecen hambrientas, heridas o muertas en grandes cantidades, no solo hablan de una especie en problemas, sino de una red alimentaria que está perdiendo equilibrio.