El cambio climático está cambiando los ecosistemas
El cambio climático no solo está reduciendo poblaciones de animales, desplazando especies o degradando hábitats. También está creando combinaciones de vida y condiciones ambientales que no tienen precedentes recientes: bosques con una composición distinta, arrecifes dominados por otras especies y comunidades donde depredadores, presas, plantas y polinizadores dejan de coincidir como antes.
Un estudio publicado en Nature Climate Change reúne estas transformaciones bajo el concepto de “novedad ecológica”. El término describe situaciones en las que los organismos enfrentan condiciones fuera de su experiencia evolutiva o se agrupan en comunidades que no existían en el pasado conocido.
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El fenómeno no significa necesariamente que haya surgido un ecosistema completamente nuevo de un día para otro. Puede comenzar con cambios aparentemente aislados, como una especie que se desplaza hacia zonas más frías, una planta que florece antes, un coral que pierde tolerancia al calor o un insecto que amplía su distribución. Cuando estas respuestas ocurren a ritmos diferentes, las relaciones que sostenían al ecosistema empiezan a reorganizarse.
El estudio advierte que el clima está cambiando a una velocidad excepcional en términos geológicos. Aunque los ecosistemas siempre se han transformado, el ritmo actual dificulta que muchas especies puedan migrar o adaptarse al mismo tiempo.
Las especies de un ecosistema no responden de manera uniforme al calentamiento. Algunas pueden desplazarse rápidamente, mientras otras permanecen atrapadas por barreras geográficas, urbanización, pérdida de hábitat o una capacidad limitada para dispersarse. El resultado es una mezcla entre especies que ya convivían, otras que llegan desde regiones distintas y algunas que desaparecen del lugar.
También pueden romperse sincronías esenciales. Una planta podría florecer antes debido al aumento de las temperaturas, pero su polinizador no necesariamente modificará su ciclo al mismo ritmo. Las aves migratorias pueden llegar cuando el alimento que necesitaban ya no está disponible, mientras que los corales pueden perder la sincronización de sus eventos reproductivos.
Los arrecifes ofrecen uno de los ejemplos más visibles. El calentamiento del océano provoca blanqueamientos masivos, mortalidad y cambios en las especies dominantes. En los Cayos de Florida, investigaciones citadas en la revisión encontraron que una composición de corales que se había mantenido relativamente estable durante unos 8,000 años sufrió una transformación sin precedentes en apenas medio siglo.

Esto no implica necesariamente que el arrecife desaparezca por completo. Podría continuar existiendo bajo otra forma, dominado por corales más resistentes al calor, algas u organismos con funciones diferentes. Sin embargo, conservar el nombre de “arrecife” no garantiza que mantenga la misma biodiversidad, capacidad de proteger las costas o productividad para las comunidades pesqueras.
La novedad ecológica tampoco ocurre únicamente como consecuencia directa del aumento de la temperatura. Incendios más intensos, sequías, huracanes, acidificación del océano, especies invasoras, enfermedades y cambios de uso del suelo pueden combinarse y acelerar la transformación. Incluso algunas medidas de adaptación y mitigación, como plantaciones, infraestructura verde, restauraciones artificiales o el traslado de especies, pueden generar comunidades sin equivalentes históricos.
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Otra investigación publicada en 2025, retomada por los autores del estudio, estimó que el 58% de la biosfera terrestre ya está expuesta a niveles elevados de novedad, considerando conjuntamente el cambio climático, la pérdida de fauna y la alteración de la vegetación.
Esta realidad plantea una pregunta difícil para la conservación: ¿se debe intentar recuperar siempre el ecosistema que existía en el pasado?
Los autores explican que las decisiones pueden ubicarse dentro de tres grandes enfoques. El primero consiste en resistir la novedad, protegiendo especies y procesos históricos mediante restauración, control de invasoras o reducción de otras presiones. Esta opción puede ser necesaria cuando todavía existen condiciones para recuperar un hábitat valioso.
El segundo enfoque es tolerar ciertos cambios cuando revertirlos resulta inviable o provocaría más daños. Esto exige vigilar la transformación y proteger las funciones ecológicas esenciales, aunque la composición del ecosistema ya no sea idéntica a la del pasado.

La tercera posibilidad es manejar activamente la novedad. Puede incluir seleccionar plantas capaces de sobrevivir al clima futuro, conectar hábitats para facilitar desplazamientos o trasladar especies amenazadas hacia sitios donde encuentren condiciones adecuadas. Son medidas complejas y con riesgos, pues una intervención también puede producir consecuencias inesperadas.
Para América Latina, este debate resulta especialmente relevante. Los arrecifes del Caribe, los manglares costeros, los bosques tropicales y los ecosistemas de montaña albergan especies altamente especializadas y sostienen agua, alimentos, protección costera y medios de vida. La revisión recoge evidencia histórica de vegetación sin equivalentes modernos en las tierras bajas de Centroamérica y estudios sobre cambios florísticos proyectados en el Bosque Atlántico de Brasil.
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Reconocer la novedad ecológica no significa renunciar a proteger la naturaleza ni aceptar todos los cambios como inevitables. Tampoco convierte automáticamente las nuevas comunidades en ecosistemas saludables. Algunas podrían mantener funciones importantes, mientras otras representarían una fuerte pérdida de biodiversidad y beneficios para las personas.
La principal advertencia es que conservar ya no siempre consistirá en devolver cada paisaje a una fotografía del pasado. En muchos lugares será necesario decidir qué especies, relaciones y funciones pueden protegerse, cuáles deben recuperarse y cómo acompañar transformaciones que ya están en marcha.
Reducir las emisiones sigue siendo indispensable, cuanto más rápido cambie el clima, menos tiempo tendrán los ecosistemas para adaptarse y más desconocido será el mundo ecológico que surja.