Regresa El Niño: América Latina se prepara para sequías e inundaciones
Los gobiernos de América Latina comienzan a reforzar sus sistemas de respuesta ante el avance de El Niño en el océano Pacífico. La preparación incluye la movilización de bomberos, la activación de planes de contingencia y medidas para proteger el abastecimiento de agua, la generación de energía, la agricultura y el transporte.
El fenómeno climático ya está en curso y existe una probabilidad creciente de que se fortalezca durante el resto de 2026. Aunque sus efectos no serán iguales en toda la región, las previsiones apuntan a condiciones más secas y calurosas en algunos territorios, mientras que otros podrían enfrentar lluvias intensas, inundaciones y deslizamientos.
Efectos extremos: Inundaciones costeras que antes eran inusuales ahora serán más frecuentes
A diferencia de un huracán o un terremoto, El Niño se desarrolla gradualmente durante varios meses. Esta evolución ofrece a los gobiernos una oportunidad para anticiparse a sus impactos más severos. Sin embargo, especialistas advierten que contar con pronósticos no siempre se traduce en acciones oportunas.
“Ahora es el momento de tomar decisiones, prepararse eficazmente y mantener la coherencia política necesaria para actuar de manera preventiva”, señaló Rodney Martínez, representante de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) para América del Norte, Centroamérica y el Caribe.
Martínez enfatizó que El Niño ya fue confirmado y no representa solamente una posibilidad futura.
Los eventos fuertes de El Niño han provocado pérdidas de miles de millones de dólares en América Latina. En episodios anteriores, las sequías redujeron las cosechas y las reservas de agua, favorecieron los incendios forestales y afectaron la generación hidroeléctrica. En otras zonas, las lluvias intensas ocasionaron inundaciones, deslizamientos y daños en carreteras, viviendas y sistemas de saneamiento.
Actualmente, Centroamérica, algunas áreas del Caribe y el norte de Sudamérica ya registran condiciones más secas de lo normal asociadas con este fenómeno, según la OMM. Se espera que estas condiciones se extiendan hacia sectores de la cuenca amazónica, aumentando la preocupación por la disponibilidad de agua, la producción agrícola y los incendios.
En Brasil, Colombia y partes de Centroamérica, las autoridades concentran sus esfuerzos en la prevención de sequías, escasez de agua e incendios forestales. Brasil contrató a más de 4,600 trabajadores federales para prevenir y combatir incendios, amplió sus brigadas y desplegó aeronaves ante una temporada que podría ser particularmente complicada.

Colombia, por su parte, activó sistemas de vigilancia del agua, reforzó su capacidad para responder a los incendios y pidió a las autoridades locales prepararse ante posibles problemas de abastecimiento.
Otros países se encuentran bajo una amenaza diferente. En Ecuador, los episodios intensos de El Niño suelen llevar lluvias dañinas a la costa del Pacífico. El Gobierno solicitó a las administraciones locales elaborar planes de contingencia y destinó millones de dólares a la mitigación de inundaciones, la respuesta ante emergencias y la recuperación agrícola. También comenzaron trabajos para limpiar canales de drenaje, estabilizar laderas y preparar refugios.

El país enfrenta, además, una vulnerabilidad energética. Debido a su dependencia de las centrales hidroeléctricas, una reducción de los niveles de los embalses podría afectar la generación de electricidad. La OMM recomendó disponer con anticipación de fuentes alternativas, realizar tareas de mantenimiento y completar las contrataciones necesarias antes de que la situación se agrave.
Costa Rica informó que puso en marcha más de 200 acciones dentro de un plan nacional de contingencia. Estas incluyen proteger las fuentes de agua, ampliar la generación de energía renovable y prepararse para una temporada severa de incendios. En Perú, las autoridades reforzaron los sistemas de monitoreo y alerta temprana, además de ampliar sus redes de observación meteorológica.
Panamá también diseñó planes ante posibles afectaciones en el Canal. La disminución de las lluvias puede reducir el agua necesaria para operar sus esclusas y mantener el tránsito marítimo en una de las rutas comerciales más importantes del mundo.
Uno de los territorios más vulnerables es el Corredor Seco centroamericano, donde la combinación de sequía y temperaturas elevadas puede comprometer los cultivos y la seguridad alimentaria de comunidades que dependen de la agricultura. Las condiciones secas también incrementan el riesgo de incendios.
En las zonas donde El Niño provoque lluvias excesivas, las inundaciones podrían destruir infraestructura, contaminar fuentes de agua potable y favorecer brotes de enfermedades. Por ello, la preparación debe considerar tanto las emergencias inmediatas como la continuidad de los servicios públicos y la protección de las comunidades más expuestas.
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A pesar de las medidas anunciadas, la respuesta sigue siendo desigual. Martínez advirtió que algunas autoridades esperan nuevas confirmaciones o confían en que sus países evitarán los peores impactos. Esa demora puede obligarlas a improvisar cuando las sequías, las inundaciones o las olas de calor ya estén en marcha.
Irene Vélez, ministra de Ambiente de Colombia, explicó que El Niño no es un fenómeno nuevo, pero sí preocupa su posible intensidad, duración y extensión territorial. También recordó que el desafío va más allá de responder a un solo episodio climático.
Las investigaciones sobre eventos anteriores muestran que sus consecuencias económicas pueden prolongarse durante años y generar pérdidas de billones de dólares en la economía mundial. La preparación, por lo tanto, no solo consiste en atender una emergencia: requiere fortalecer la infraestructura, diversificar las fuentes de energía, proteger los sistemas alimentarios y adaptar los países a condiciones climáticas cada vez más extremas.