PROA: una red de voluntariado que convierte la intención en acción
Muchas personas quieren contribuir a una causa social o ambiental, pero no siempre saben dónde comenzar. Encontrar una organización confiable o una actividad compatible con sus intereses puede convertirse en una barrera y terminar no haciendo nada.
De esta idea nació PROA, en Perú, una plataforma digital que conecta a personas y empresas con organizaciones sociales que necesitan apoyo.
La iniciativa nació hace nueve años, cuando un grupo de amigos universitarios buscaba aportar ideas para construir un Perú más solidario. Tenían la motivación, pero no encontraban un sistema confiable y fácil de acceder para encontrar voluntariados. su respuesta fue crear un espacio que facilitara ese encuentro y ayudara a que las ganas de colaborar se transformaran en acciones concretas.
“Hoy en día, PROA se ha consolidado como la principal plataforma de voluntariado en el Perú, que justamente articulan todo el ecosistema”, comparte María Fernanda Delfino, gerente general de PROA. “Tenemos ya más de 820 organizaciones sociales a nivel nacional con las que trabajamos, más de 50 empresas han confiado en nosotros, hemos logrado generar más de 200 mil conexiones solidarias entre personas y organizaciones sociales; y 5 millones de horas de voluntariado”.

María Fernanda además, cuenta que conoce la experiencia desde ambos lados. Antes de asumir la gerencia general, también fue voluntaria. Su primer acercamiento con la plataforma fue al alistarse en un voluntariado con Casa Ronald McDonald; después participó como mentora en otras organizaciones y se integró al equipo de PROA.
PROA se articula en tres actores: ciudadanos, organizaciones sociales y empresas. Las personas pueden encontrar programas de voluntariado, campañas para donar bienes y proyectos de financiamiento colectivo.
Las organizaciones obtienen un canal para visibilizar sus necesidades y convocar apoyo, mientras que las empresas pueden desarrollar programas de voluntariado corporativo para sus empleados.
La plataforma reúne programas de ayuda de todo tipo, ya sea una causa social relacionada con la niñez y la juventud, personas adultas mayores, animales o educación. Así como voluntariados enfocados a la educación, arte, cultura, construcción y medio ambiente.

Ante la diversidad de opciones disponibles también puede generar en los usuarios un nuevo reto: ¿Cómo elegir entre tantas causas? Para facilitar esta decisión, PROA desarrolló un sistema de recomendación personalizada. Al registrarse en la página, cada persona puede identificar la causa más cercana a sus intereses y recibir sugerencias de programas afines mediante un cuestionario rápido, facilitando el impulso de cada voluntario a querer dar el “primer paso” y actuar.
La plataforma también permite publicar convocatorias, seleccionar participantes y certificar las horas aportadas. Sin embargo, el impacto de PROA no se queda en lo digital, la organización también diseña y gestiona experiencias completas, desde planificación hasta la capacitación, ejecución y seguimiento de cada convocatoria.
La acción climática ha crecido en los últimos años, cada vez son más las personas que quieren hacer algo por nuestro planeta. La organización ha impulsado limpiezas de playas, jornadas de reforestación, reciclaje y construcción de biohuertos.
“Realmente vemos a una ciudadanía mucho más comprometida, sobre todo mucho más comprometida con el cuidado del medio ambiente. Creo que el hecho de haber vivido muy de cerca distintos fenómenos climáticos climáticos en los últimos diez años ha hecho que la población esté más consciente y en esa línea busque alguna manera de contribuir“, cuenta María Fernanda.
Una de sus jornadas más recientes ocurrió el pasado julio en Playa Grande, en el distrito de Santa Rosa, al norte de Lima. En menos de una hora y media, los voluntarios retiraron 1,448 kilogramos de residuos, la mayor cantidad recolectada hasta ahora por la organización en estas actividades. Entre los desechos recolectados había botellas, envolturas plásticas, tecnopor, vidrio, latas, colillas de cigarro y redes de pesca.
Además de haber limpiado la playa de menos basura, la experiencia comenzó mucho antes. PROA trabajó con autoridades locales para gestionar permisos y delimitar el área; luego preparó la ruta de trabajo, abrió la convocatoria, seleccionó a los participantes y coordinó los materiales.
Días antes de cada actividad se realiza una capacitación virtual sobre logística, seguridad y prevención. En la playa, un especialista ambiental ofreció una segunda orientación para enseñar a separar correctamente los residuos. Al finalizar, el material se clasifica y se entrega; luego PROA evalúa la experiencia y certifica la participación.
La parte educativa es de suma importancia, ya que una jornada ambiental requiere más que buena voluntad. Saber qué residuos pueden manipularse, cómo separarlos y qué medidas de seguridad seguir reduce riesgos y mejora el resultado.

Otra de las experiencias ambientales es la construcción de biohuertos en escuelas públicas. María Fernanda cuenta que los voluntarios preparan el terreno, siembran hortalizas y colocan señalización, mientras la comunidad educativa recibe sensibilización para continuar con el mantenimiento. Este compromiso busca evitar que el proyecto termine con la jornada, sino que sea un proyecto que prospere y genere mejores hábitos en las escuelas.
“Algo que nosotros siempre decimos, porque es lo que realmente creemos: Uno no necesita contribuir con una gran acción. Pequeñas acciones generan grandes cambios”, comparte María Fernanda. Separar los residuos en casa, enseñar a otros a reciclar o dedicar unas horas a una causa pueden hacer la diferencia.
Cuando una plataforma logra conectarlos, organizarlos y darles continuidad, esos esfuerzos individuales se convierten en fuerza colectiva.


