Los árboles enfrían las ciudades, pero no cubren a todos por igual
En un planeta cada vez más urbano y más caliente, los árboles se están convirtiendo en una forma de infraestructura tan importante como las calles, los drenajes o el transporte público.
Un nuevo estudio encontró que la cobertura arbórea ayuda a contrarrestar casi la mitad del calentamiento urbano generado por el pavimento, los techos oscuros y los edificios. Sin embargo, el beneficio no está distribuido de forma justa: las ciudades más pobres, más calurosas y con mayor necesidad de enfriamiento son, con frecuencia, las que menos árboles tienen.
La investigación, publicada en Nature Communications, analizó cerca de 9,000 grandes ciudades del mundo y estimó que los árboles reducen en promedio 0.15°C la temperatura urbana gracias a dos funciones clave: dan sombra y liberan vapor de agua a través de la evapotranspiración. Sin ellos, las ciudades se calentarían en promedio 0.31°C adicionales por el llamado efecto de isla de calor urbana, un fenómeno que ocurre cuando las superficies construidas absorben y retienen más calor que las zonas rurales cercanas.
Consecuencias del calor extremo: Estamos envejeciendo más rápido por las altas temperaturas
Aunque una fracción de grado puede parecer pequeña, en episodios de calor extremo puede marcar una diferencia importante para la salud pública, especialmente en barrios densamente poblados, con poco acceso a sombra, viviendas precarias o personas que trabajan al aire libre. La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos explica que las islas de calor aparecen cuando las áreas desarrolladas registran temperaturas más altas que sus alrededores, y señala estrategias como árboles, techos verdes y techos fríos para reducir sus impactos.
El estudio no se limitó a medir ciudades completas. Para evitar que grandes parques o zonas verdes dieran una impresión falsa de enfriamiento general, los investigadores dividieron las ciudades en segmentos de aproximadamente 150 cuadras. Así pudieron observar mejor qué barrios realmente reciben el beneficio de los árboles y cuáles siguen atrapados entre concreto, asfalto y techos calientes.
Los resultados muestran una desigualdad clara. En 20 ciudades con al menos 3 millones de habitantes, los árboles reducen la temperatura percibida por sus residentes en menos de 0.05°C. En ciudades como Dakar, Yeda, Kuwait y Amán, la cobertura arbórea es tan baja que más de 15 millones de personas prácticamente no reciben enfriamiento por árboles.

En el otro extremo, las ciudades con mayor enfriamiento suelen estar en países más ricos o en zonas donde hay más espacio, mayor inversión pública y más capacidad política para proteger áreas verdes. Según AP, casi 40% de las ciudades de países ricos alcanzan una reducción de al menos 0.25°C gracias a los árboles, frente a menos del 9% de las ciudades en los países más pobres.
Berlín encabeza la lista de ciudades con mayor enfriamiento, junto con otras como Atlanta, Washington, Seattle, Moscú y Sídney. En Atlanta, por ejemplo, alrededor del 64% del territorio urbano está cubierto por copa arbórea.
Esta diferencia revela que el verde urbano no es solo un asunto ambiental o estético, también es una cuestión de justicia climática. Los barrios con menos árboles suelen ser los mismos que enfrentan más contaminación, menos espacios públicos de calidad y menor capacidad de adaptación al calor extremo. A medida que las olas de calor se vuelven más intensas por el cambio climático, esa falta de sombra puede convertirse en una carga directa para la salud, el trabajo, la movilidad y la vida cotidiana.
Los autores del estudio sostienen que las ciudades, especialmente las más pobres y calurosas, pueden y deben aumentar su cobertura arbórea. Pero también advierten que plantar árboles no es una solución mágica.
La disponibilidad de agua, el espacio urbano, la elección de especies adecuadas y el avance del calentamiento global imponen límites reales. Según el estudio, incluso con más árboles, esta estrategia podría reducir como máximo alrededor del 20% del calentamiento urbano futuro.
Puedes leer: Las ciudades se enfrentan a grandes desafíos por el cambio climático
Eso no significa que plantar y proteger árboles sea poco importante. Una ciudad con más sombra puede ser más caminable, más saludable y más habitable. Los árboles también capturan carbono, filtran contaminantes, reducen escorrentías, ofrecen refugio a la biodiversidad urbana y mejoran el bienestar mental de las personas. Pero su papel debe entenderse como parte de una estrategia más amplia de adaptación y mitigación.
Las ciudades del futuro necesitarán más que parques bonitos. Requerirán planificación urbana que priorice sombra en calles, paradas de buses, escuelas, hospitales y barrios vulnerables; protección de árboles maduros; restauración de suelos; corredores verdes; techos fríos; materiales menos absorbentes de calor; y acceso equitativo a espacios públicos seguros.